DOMINGO VII DEL TIEMPO ORDINARIO

… DALE TAMBIÉN EL MANTO…; A QUIEN TE PIDE, DALE, Y AL QUE TE PIDE PRESTADO, NO LO REHÚYAS… (Mateo 5,38-48)

Escuchad, hija mía, escuchad el sentimiento y el consejo del Apóstol, ese hombre que ya no vivía en sí, sino que Jesucristo vivía en él. Y pregunta él: ¿por qué no soportáis mejor que se os defraude? Y hay que fijarse, hija mía, que está hablando, no a una joven que aspira a la vida de perfección, sino a todos los Corintios; fijaos que quiere que suframos los agravios; fijaos que les dice que tienen culpa por quejarse contra los que le engañan o defraudan.

Y culpa, ¿por qué? Porque de ese modo escandalizan a los infieles del mundo, que dirán: “¡Mira que manera de ser cristianos tienen los cristianos!.” Su Maestro les dice: “A quien quiere quitarte la túnica, dale también el manto”; y ellos, por los bienes temporales, exponen los eternos y el amor tierno y fraterno que se deben unos a otros.

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Fijaos también, dice San Agustín, en la lección de nuestro Señor, que no dice: A quien te quiera arrebatar la sortija, dale también el collar, cosas superfluas ambas, sino que habla de túnica y manto, que son cosas necesarias. ¡Oh, mi querida hija, qué sabiduría la de Dios, qué prudencia! y en eso consiste la santísima y adorabilísima simplicidad, la infancia, y para emplear términos apostólicos, en la sacratísima locura de la Cruz.

Pero la prudencia humana me objetará: entonces ¿a qué queréis reducirnos? ¡Vamos! Que nos dejemos patear, dar en rostro… que se burlen de nosotros como si fuéramos chiquillos, que nos vistan y nos desnuden sin que digamos palabras. Pues sí, a eso quiero reduciros; y si yo no quisiera eso, sé que Jesucristo lo quiere para mí.

Hija mía, vos me diréis: “Padre, qué severo os ponéis de repente”, y eso no es cierto, no es de repente, ya que desde que tuve la gracia de saber algo sobre el fruto de la Cruz, ese sentimiento entró en mi alma y jamás ha vuelto a salir de ella…

¿Podría yo decir una palabra que me produce confusión al oído del corazón de esta joven? Yo jamás me he tomado un desquite, o hice algo mal, sin sentir arrepentimiento al hacerlo. (San Francisco de Sales. Carta a Mme. des Gouffiers. Mayo de 1621)

DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO

A VOSOTROS OS BASTA DECIR “SÍ” O “NO”. LO QUE PASA DE AHÍ VIENE DEL MALIGNO. (Mt 5, 22; 27-28; 33-34; 37)

…No os imaginéis que la dulzura y la tranquilidad impiden la prontitud en la acción, al contrario, la ayudan a salir airosa.

Esto se puede hacer de esta manera. Por ejemplo: tenéis necesidad de comer, según la miseria de esta vida; sentaos a la mesa sencillamente y permaneced sentada hasta que hayáis repuesto vuestro cuerpo.

¿Queréis acostaros? Desvestíos tranquilamente.

¿Queréis levantaros? Hacedlo pacíficamente, sin movimientos desordenados, sin llamar a gritos ni apurar a los que os sirven.

En todo esto vais engañando vuestro natural y reduciéndolo poco a poco a la moderación. Porque a quienes tienen un natural blando y perezoso, les diríamos: ¡Daos prisa!, pero a vos. os decimos: No os apresuréis tanto, porque la paz, la tranquilidad y la dulzura de espíritu son muy valiosas y el tiempo mejor empleado es el que se emplea con paz.

Permanezcamos en la barca en la que nos encontramos, para hacer el trayecto de esta vida a la otra y hagámoslo de buena gana y con agrado; porque aunque a veces no es Dios el que nos ha puesto en ella, sino los hombres, una vez que estamos dentro, Dios quiere que sigamos allí y por tanto hemos de quedarnos con dulzura y de buena gana.

¡Cuántos eclesiásticos se han visto embarcados por consideraciones muy pobres y por la fuerza que les han hecho sus padres para que siguieran esa vocación, y, haciendo de necesidad virtud, se han quedado por amor donde entraron por fuerza.

De no haberlo hecho así, ¿qué hubiera sido de ellos? Donde hay menos de elección nuestra hay más de sumisión a la voluntad celestial.

Ojalá, mi querida hija, consintiendo con la voluntad de Dios, digáis a menudo con todo vuestro corazón: “Sí, Padre Eterno, yo quiero ser así porque así es como habéis querido que yo sea.” (San Francisco de Sales. Carta a la Presidenta le Blanc de Mions. 7-4-1697)

DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO

VOSOTROS SOIS LA SAL DE LA TIERRA, PERO SI LA SAL SE VUELVE SOSA, ¿CON QUÉ LA SALARÁN? (Mt. 5,13-16)

Nuestro Señor les dice a los religiosos: “Vosotros sois la sal de la tierra.” Yo considero tres cualidades en la sal. La primera es que está compuesta de fuego y sirve para apagar el fuego; la segunda que da sabor y la tercera, que preserva de la corrupción.

Si ponéis sobre la lengua un grano de sal, inmediatamente sentís que quema. Echad unos granos al fuego y veréis el efecto… decaerá el fuego hasta apagarse.

De igual modo, si el fuego del Espíritu Santo, el amor de Dios, toca un alma y la elige para hacer de ella su morada, notaréis enseguida que el amor terreno empieza a apagarse y muere. Perece, cediéndole el puesto…

La segunda propiedad de la sal es que da gusto y sabor a los alimentos. Esa sal que sazona todo lo que Mt 5, 13-16hacemos es la sabiduría y la discreción.

Decidme, ¿hay mayor sabiduría que la de los religiosos? Han sido tocados por el fuego del Espíritu Santo, que les ha hecho conocer, por un rayito de su luz, que tienen muchas enfermedades espirituales que hay que remediar.

“Vosotros sois la sal de la tierra”, es decir, sazonáis las acciones terrenas y de ese modo las hacéis celestiales.

¿Por qué el Señor, en el Antiguo Testamento, mandó a los israelitas que se guardasen de ofrecerle sacrificios sin antes ponerles sal? El Divino Maestro confirmó este mandamiento para demostrarnos que deseaba que todos nuestros sacrificios se le ofreciesen con toda sabiduría y consideración. (Sermón del 7-12-1619. IX, 240, 241, 242, 246)

DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO

AL VER JESÚS ELGENTÍO, SUBIÓ A LA MONTAÑA, SE SENTÓ, Y SE ACERCARON SUS DISCÍPULOS; Y ÉL SE PUSO A HABLAR, ENSEÑÁNDOLES: “DICHOSOS LOS POBRES…” Mt. 15, 1-12

Las pequeñas aficiones, como lo tuyo y lo mío, son todavía restos del mundo, donde nada hay que más valga que eso. La soberana felicidad del mundo es tener muchas cosas de las que se pueda decir: “Es mío.” Y lo que nos hace aficionarnos a lo que es nuestro es la gran estima que tenemos de nosotros mismos; nos tenemos por tan excelentes que cuando una cosa nos afecta la estimamos más, y la poca estima que tenemos hacia los demás hace que llevemos de mala gana lo que a ellos les ha servido.

Si fuéramos muy humildes y despojados de nosotros mismos, ya no valoraríamos lo que nos es propio y miraríamos como gran honor el servirnos de lo que otros han usado antes.

Eso nos pasa porque no hemos puesto todo lo nuestro en común y sin embargo es una cosa que se debe hacer al entrar en religión; cada Hermana debería dejar su propia voluntad fuera de la puerta de clausura, para no tener ya sino la de Dios.

Feliz la que no tenga otra voluntad sino la de la comunidad; y que todo lo que necesita, siempre lo toma de la bolsa común.

bienaventurados_los_pobres_en_espiritu_0Quien esto haga, jamás tendrá disgustos, pues allí donde está la verdadera indiferencia no puede haber penas ni tristeza.

Pero es una virtud que no se consigue en cinco años; hacen falta al menos diez, por tanto no hay que asombrarse de que nuestras Hermanas todavía no la tengan, ya que tienen el buen deseo de conseguirla.

Si alguna pensara aún en “lo tuyo y lo mío”, debería hacerlo al otro lado de la puerta, pues dentro de casa no se habla de eso. (S. Francisco de Sales. Conversación 8ª . VI, 120)

SAN FRANCISCO DE SALES, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA

VENID A MÍ TODOS LOS QUE ESTÁIS CARGADOS Y FATIGADOS… PORQUE MI YUGO ES SUAVE Y MI CARGA LIGERA (Mt 11, 25, 30)

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… Hace unos quince años que pregunté al Bienaventurado si permanecía mucho tiempo sin volver su espíritu hacia Dios. Y me respondió que “algunas veces alrededor de un cuarto de hora.” Y yo admiré mucho esto en un Prelado tan ocupado en asuntos tan diversos e importantes…

Me dijo que el primer pensamiento que le venía al despertar era de Dios y que se dormía pensando en Él todo lo que podía…

Decía que la mejor manera de servir a Dios era seguirle y caminar tras Él con la punta fina del alma, sin apoyo alguno de consolación, de sentimientos ni de luz, sino con la fe desnuda y simple; y sin embargo él no había recibido grandes luces interiores y ni siquiera exteriores…

Según me dijo, él no se fijaba si en la oración estaba consolado o desolado; que cuando nuestro Señor le concedía buenos sentimientos, los recibía con sencillez y que si no se los daba, ni pensaba en ello…

Nunca le he conocido, y que yo sepa, tampoco otras personas, apegado a ningún ejercicio de devoción; conservaba una santa libertad de espíritu para hacer todas las cosas según la Providencia se las iba presentando. Muchas veces le hemos visto cuando iba a decir Misa o a hacer oración, retrasarlas e incluso dejarlas a veces, si se trataba del servicio del prójimo o si alguna otra legítima razón le detenía.

… Jamás se le veía turbado ni fastidiado por asuntos que le surgían de repente; sino que los recibía de la mano de Dios suavemente… y no miraba las cosas como eran en sí mismas, las miraba en Aquél que se las enviaba. De ese modo, siempre estaba en oración, pues tenía su corazón continuamente pendiente del beneplácito de Dios, al cual siempre respondía con sencillez.

Decía a menudo, que un alma que quiere servir a Dios con perfección, sólo a Él debe apegarse y desearle ardientemente. En cuanto a los medios para llegar a esto, nunca aferrarse a ellos, sino ir con libertad a donde la caridad y la obediencia nos llamasen y esto alegre y apaciblemente. (Deposición de Santa Juana F. de Chantal para la canonización de San Francisco de Sales. Obras de Santa Juana F. de Chantal, Tomo III. 170,171, 172)X

Novena a San Francisco de Sales – día 9º

Día 23 de enero

Descansar en el Corazón Misericordioso de Dios

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«Por la ancha abertura que la lanza hizo en el costado de mi buen Maestro, yo penetro hasta su Corazón. Allí descanso en la misericordia de mi Dios, y cojo abundantemente cuanto me falta.   Encuentro en él todos los bienes… La ha abierto para recibirnos»

«No debéis examinar si vuestro corazón le place, antes bien si su Corazón os place a vos; y si miráis su Corazón, será imposible que no os plazca, pues es un Corazón tan dulce, tan suave, tan condescendiente, tan amoroso tan enamorado de las débiles criaturas, con tal de que ellas reconozcan su propia miseria, tan lleno de gracia para con los miserables, tan bueno con los penitentes! ¿Y quién no amaría este Corazón leal, paternalmente maternal para con vos?»

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Novena a San Francisco de Sales – día 8º

Día 22 de enero

 Arrojémonos en el regazo de la Virgen María

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«Honra, reverencia y respeta con amor especial a la Santísima y gloriosa Virgen María, Madre de Jesucristo y madre nuestra también. Recurramos, pues, a ella y, como niños pequeños, arro­jémonos en su regazo con toda confianza; en todos los momen­tos, en todas las ocasiones, recurramos a esta dulce Madre, in­voquemos su, amor maternal y, procurando imitar sus virtudes, tengamos para ella un corazón filial».

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DOMINGO III DEL TIEMPO ORDINARIO

PASANDO JUNTO AL MAR DE GALILEA VIO A DOS HERMANOS, A SIMÓN, LLAMADO PEDRO, Y A ANDRÉS, QUE ESTABAN ECHANDO LA RED EN EL MAR, PUES ERAN PESCADORES. LES DIJO: “VENID EN POS DE MI Y OS HARÉ PESCADORES DE HOMBRES”. INMEDIATAMENTE DEJARON LAS REDES Y LO SIGUIERON (Mt 4,12-23)

PESCADOR DE HOMBRES“Me preguntará alguno que por qué hay que renunciar a todo. Que los que nada tienen, o muy poco, a qué pueden renunciar. Yo les diré que está claro que el que tiene poco, deja poco y el que tiene mucho deja mucho.

San Pedro, que era un simple pescador, abandonó sus redes, poca cosa; San Mateo, que era un rico banquero, dejó su gran fortuna; pero los dos obedecieron igualmente a la orden, eran iguales en la voluntad…

Tú has dejado, rechazado, renunciado, para siempre, a todo lo que es ofensa a Dios. Has dedicado y consagrado tu alma, tu corazón, tu cuerpo con todo lo que de ellos depende al amor y al servicio de Dios.

Y el día en que te diste a Dios, lo hiciste en presencia de toda la corte celestial… La Santísima Virgen os miraba… y hubo una alegría especial por ello en la Jerusalén celestial.

Las maromas con que Dios arrastraba tu barquilla hacia el puerto de salvación, ¿es que no fueron cadenas de amor? Él te atrajo con su azúcar divina: por los Sacramentos, por la lectura, por la oración… Tú dormías y Dios te velaba y ponía en tu corazón pensamientos de paz. Él meditaba para ti meditaciones de amor…

¡Oh, que gracias más grandes! Es preciso pesarlas con el peso del santuario. La mano de Dios es la que ha hecho todo eso: “su diestra me ha ensalzado, dijo David, no moriré sino que viviré para cantar las maravillas de su bondad” Vive, por tanto, en la acción de gracias y con una gran confianza en Dios. (San Francisco de Sales. Sermón  del 2-10.1622 e Introducción a la vida devota, 5ª parte, Cáp. 2)

Novena a San Francisco de Sales – día 7º

21 de enero

La libertad de los hijos de Dios

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En unas líneas dignas de ser meditadas, San Francisco de Sales nos indica las señales, los efectos y las ocasiones de la libertad de los hijos de Dios:

«Primera señal: el corazón que tiene esta libertad no está apegado a las consolaciones, sino que recibe las aflicciones con toda la dulzura que la carne le permite. No digo que no ame y no desee las consolaciones, sino que no se apega a ellas su corazón.

Segunda señal: tampoco se apega a los ejercicios espirituales, de modo que si la enfermedad u otro motivo se los impide, no siente pena. No digo que no los ame; digo que no se apega a ellos.

Tercera señal: nunca pierde la alegría, porque ninguna privación es capaz de entristecer a quien no tiene el corazón apegado a nada. Y si a veces la pierde, será por poco tiempo. Sigue leyendo