31 de mayo: La Santísima Trinidad y la Visitación

¡Viva + Jesús!

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Hoy, 31 de mayo, coinciden muchas cosas que nos invitan a dar gracias a Dios.
Ante todo, es la Solemnidad de la Santísima Trinidad -y jornada “pro orantibus” en la que la Iglesia “ora por los que oran”-, que hace que la Visitación de Ntra. Señora haya tenido que trasladarse litúrgicamente, pero con todo, no deja de ser importante y motivo de orar y dar gracias el hecho de que, precisamente en la fiesta de la Santisima Trinidad de 1610 -que cayó en 6 de junio- se fundó nuestra Santa Orden, día, por tanto, que todas las visitandinas llevamos muy en el corazón.

Les compartimos un texto de la Venerable M. Luisa Margarita Claret de la Touche, sobre la Trinidad y el sacerdote:

“No tengo tiempo de escribir, sin embargo, quisiera anotar lo que me fue dado ayer después de la Comunión. El Señor me hizo ver la extrema complacencia de amor que las tres divinas Personas de la Santísima Trinidad tienen en el corazón del sacerdote fervoroso, generoso, casto y humilde.

TRINIDADDios Padre ve en él la imagen más perfecta del Verbo encarnado, un segundo Jesús, tan parecido al primero que casi no podría distinguirlo. En él ve un espejo tersísimo en el cual se reflejan las virtudes de su Hijo amado. En la voz del sacerdote escucha la voz de Jesús.

El Verbo ve en el sacerdote un hermano, un amigo, un fruto de su Corazón, otro Sí mismo por medio del cual continua todas sus obras y en el cual su vida humana, su vida de sacerdote y de víctima, como que se prolonga por los siglos.

El Espíritu Santo reconoce en él su templo particular, el depósito en el cual puede derramar sus dones con la máxima abundancia, el instrumento apropiado para su acción en la almas, y una materia bien preparada para sus llamas de amor.

Al mostrarme esto, Jesús me daba una especie de participación en el exceso de complacencia, en el gozo suavísimo de la Santísima Trinidad. ¡Oh! ¡Cuánto ama Dios al sacerdote santo, al sacerdote puro! ¡Si lo supiese, creo que no podría soportar esa dulzura!”

Y otro no menos hermoso sobre la Visitación:

“Este misterio de la Visitación es siempre para mi alma una fuente de gracia y de luz. Precisamente en él María representa la acción del Sacerdocio. El sacerdote tiene a Jesús en sí mismo, lo lleva en su alma marcada por el carácter sacerdotal, lo lleva en su corazón con amor y va a las almas, y habla y actúa, y Jesús, invisiblemente escondido en él, realiza su obra de misericordia. Pero para hacer esto, es necesario que Jesús esté muy vivo en el sacerdote como lo estaba en María, y que el sacerdote, como la Virgen, dócil a las inspiraciones del Espíritu, deje que el Verbo divino que lleva en sí, obre libremente en él y por medio de él.”


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