SAN FRANCISCO DE SALES, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA

VENID A MÍ TODOS LOS QUE ESTÁIS CARGADOS Y FATIGADOS… PORQUE MI YUGO ES SUAVE Y MI CARGA LIGERA (Mt 11, 25, 30)

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… Hace unos quince años que pregunté al Bienaventurado si permanecía mucho tiempo sin volver su espíritu hacia Dios. Y me respondió que “algunas veces alrededor de un cuarto de hora.” Y yo admiré mucho esto en un Prelado tan ocupado en asuntos tan diversos e importantes…

Me dijo que el primer pensamiento que le venía al despertar era de Dios y que se dormía pensando en Él todo lo que podía…

Decía que la mejor manera de servir a Dios era seguirle y caminar tras Él con la punta fina del alma, sin apoyo alguno de consolación, de sentimientos ni de luz, sino con la fe desnuda y simple; y sin embargo él no había recibido grandes luces interiores y ni siquiera exteriores…

Según me dijo, él no se fijaba si en la oración estaba consolado o desolado; que cuando nuestro Señor le concedía buenos sentimientos, los recibía con sencillez y que si no se los daba, ni pensaba en ello…

Nunca le he conocido, y que yo sepa, tampoco otras personas, apegado a ningún ejercicio de devoción; conservaba una santa libertad de espíritu para hacer todas las cosas según la Providencia se las iba presentando. Muchas veces le hemos visto cuando iba a decir Misa o a hacer oración, retrasarlas e incluso dejarlas a veces, si se trataba del servicio del prójimo o si alguna otra legítima razón le detenía.

… Jamás se le veía turbado ni fastidiado por asuntos que le surgían de repente; sino que los recibía de la mano de Dios suavemente… y no miraba las cosas como eran en sí mismas, las miraba en Aquél que se las enviaba. De ese modo, siempre estaba en oración, pues tenía su corazón continuamente pendiente del beneplácito de Dios, al cual siempre respondía con sencillez.

Decía a menudo, que un alma que quiere servir a Dios con perfección, sólo a Él debe apegarse y desearle ardientemente. En cuanto a los medios para llegar a esto, nunca aferrarse a ellos, sino ir con libertad a donde la caridad y la obediencia nos llamasen y esto alegre y apaciblemente. (Deposición de Santa Juana F. de Chantal para la canonización de San Francisco de Sales. Obras de Santa Juana F. de Chantal, Tomo III. 170,171, 172)X


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