PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

EL TENTADOR SE LE ACERCÓ Y LE DIJO: «SI ERES HIJO DE DIOS, DI QUE ESTAS PIEDRAS SE CONVIERTAN EN PANES».

PERO ÉL LE CONTESTÓ: «ESTÁ ESCRITO: “NO SOLO DE PAN VIVE EL HOMBRE, SINO DE TODA PALABRA QUE SALE DE LA BOCA DE DIOS”» (Mt. 4,1-11)

Nuestro Señor quiso ser tentado para enseñarnos cómo debemos comportarnos en las tentaciones y cómo debemos resistirlas.

JtemptVeremos, en la práctica, cómo Él resiste las tentaciones del diablo en el desierto, donde, después de haber ayunado durante cuarenta días, nos dicen los Evangelistas que tuvo hambre.

El diablo, que le estudiaba de cerca para ver de qué lado podía atacarle, se apercibió de ello por algún signo externo que vio en nuestro Señor.

Y comenzó a decirle: “Si eres el Hijo de Dios, convierte estas piedras en panes y come.” El Señor le respondió: “No lo haré pues está escrito que el hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” Debemos saber que el diablo pone esta tentación a las almas piadosas, a las más retiradas y más entregadas al servicio de Dios…

Por tanto, las almas que pretenden hacer a Dios algún servicio, tienen que prepararse para soportar los Tentacion - 1ataques del enemigo, pues él vendrá enseguida a decirles: “‘Si eres hijo de Dios, convierte estas piedras en pan’…

Dices que te cuesta tanto obedecer y que sientes tanta repugnancia, no te enfades y haz de esa piedra tu pan. Haz lo que se te manda, pero hazlo perezosamente, y cuando no te vean… no lo hagas. Si ahora te aburres en la oración, anda, toma un libro y busca consuelo; ya la harás en otro momento, cuando sientas atractivo.” ¡Oh, queridas almas! ¿qué vais a hacer? no convirtáis la piedra en pan…

Un verdadero hijo de Dios, antes se comería la piedra y no la convertiría en pan. Hay que ver la intención de la divina Majestad en el momento de la tentación; no es que digamos que es Dios el que nos tienta ¡oh, no! Él no puede hacerlo, pero sí permite que seamos tentados y ejercitados. Y ¿para qué sino para fortalecernos y hacernos más valientes en su servicio…? (San Francisco de Sales. Sermón del 16-2-1614. IX, 23)


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