TERCER DOMINGO DE CUARESMA

LLEGA UNA MUJER DE SAMARÍA A SACAR AGUA … JESÚS LE CONTESTÓ: “SI CONOCIERAS EL DON DE DIOS Y QUIÉN ES EL QUE TE PIDE DE BEBER, LE PEDIRÍAS TÚ, Y ÉL TE DARÍA AGUA VIVA” (Jn. 4,5-42)

Jesús-y-la-mujer-de-Samaria

“Algo tan admirable como verdadero es que, cuando nuestra voluntad sigue el atractivo y consiente al movimiento divino, ese seguimiento es libre, como igualmente actúa con libertad cuando resiste y ya sabemos que el llamamiento a la gracia depende únicamente de la voluntad.

Así de amable es la mano de Dios cuando maneja nuestro corazón, así de diestra para comunicarnos su fuerza sin quitarnos nuestra libertad y para darnos el sentimiento de su poder, sin impedir el de nuestro querer, ajustando su poder a su suavidad, de forma que, en lo que toca al bien, su poder nos da suavemente el poder y su suavidad mantiene poderosamente la libertad de nuestro querer; “si conocieras el don…” sin duda estarías conmovida y dispuesta a pedir el agua de la vida eterna e incluso la pedirías.

Como si dijera: tendrías la capacidad y te sentirías empujada a pedirla y sin embargo, no se te habría forzado ni puesto en necesidad; simplemente la pedirías quizá, porque seguirías siendo libre…

… Teótimo, las inspiraciones nos previenen y, antes de que nos demos cuenta, se hacen sentir, pero una vez sentidas, somos nosotros los que hemos de consentir. Se hacen sentir sin intervención nuestra, pero ellas no nos hacen consentir sin nuestra voluntad. (San Francisco de Sales. Tratado del Amor de Dios. Libro 2º, Cáp. 12. IV, 127-129)


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