TERCER DOMINGO DE PASCUA

caminoemausDOS DE LOS DISCÍPULOS DE JESÚS IBAN CAMINANDO A UNA ALDEA LLAMADA EMAÚS, DISTANTE DE JERUSALÉN UNOS SESENTA ESTADIOS… Y SE DIJERON EL UNO AL OTRO: «¿NO ARDÍA NUESTRO CORAZÓN MIENTRAS NOS HABLABA POR EL CAMINO Y NOS EXPLICABA LAS ESCRITURAS?» Y, LEVANTÁNDOSE EN AQUEL MOMENTO, SE VOLVIERON A JERUSALÉN (Lc. 24, 13-35)

“Así como elenjambre de abejas noveles, apenas quiere emigrar de su región, le hace volver el tañido suave sobre una vasija de metal… o el perfume de ciertas hierbas aromáticas, de suerte que el atractivo de estas dulzuras las detiene y aposenta en la colmena preparada, Nuestro Señor, pronunciando alguna secreta palabra…, o exhalando ‘la fragancia de sus vestidos’ (Cant 4,11), es decir, comunicando al alma sus consuelos celestiales, y por este medio haciéndole sentir su muy amable presencia, arrebata todas nuestras facultades, que se congregan a su alrededor como su más deseable objeto. Quien coloca un trozo de imán entre muchas agujas, ve que inmediatamente todas las puntas se vuelven hacia él y se le adhieren; así, cuando Nuestro Señor hace sentir a las almas su deliciosa presencia, todas nuestras facultades orientan sus tendencias a Él, para gozarse en su incomparable dulzura…

jesus parte panGozo parecido pueden tener por imitación los que, habiendo comulgado, notan por la certidumbre de la fe lo que ‘ni la carne ni la sangre, sino el Padre celestial les revela’ (Mt 16,17): que su Salvador está en cuerpo y alma presente dentro de sus cuerpos y sus almas por el adorable Sacramento… Habiendo recibido al Santísimo Sacramento, que contiene el rocío de todas las bendiciones divinas, sus almas se cierran y todas sus facultades se recogen, no solo para adorar al Rey soberano, presente de nuevo con realidad admirable en su pecho, sino para sentir en su interior increíble consuelo y refrigerio espiritual…

Dicho recogimiento se verifica mediante el amor; sintiendo la presencia del Amado por los alicientes infusos en el corazón, levanta y se atrae al alma con inclinación dulcísima y amorosa, mediante un delicioso repliegue de todas sus facultades hacia el Amado, que a su vez las atrae por la fuerza de su suavidad, encadenando los corazones, como se atraen los cuerpos con cuerdas y lazos materiales. (San Francisco de Sales. Tratado del Amor de Dios, L.6; VII)


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>