DUODÉCIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

NO TENGÁIS MIEDO A LOS QUE MATAN EL CUERPO, PERO NO PUEDEN MATAR EL ALMA… NO TENGÁIS MIEDO: VALÉIS MÁS VOSOTROS QUE MUCHOS GORRIONES (Mt. 10, 26-33)

En las cosas difíciles, molestas y desagradables es donde podemos practicar la fidelidad hacia Dios, y ésta será tanto más excelente por no haber intervenido para nada nuestra elección.

Dice la Sagrada Escritura: ¿Qué sabe aquel que no ha sido probado? Bienaventurado el hombre que soporta la tentación, pues después de haber sido probado recibirá la corona de gloria que Dios ha prometido a los que lo aman.

Si teméis a la tentación más de lo debido, daréis entrada al enemigo; y al contrario, si tenemos una confianza filial en Dios y nos volvemos hacia Él, para asegurarnos de su Bondad, el enemigo temerá tentaros, pues ve que su tentación es causa de que os echéis en los brazos de nuestro Señor.

Despreciad la tentación, volviendo, sencillamente, vuestro corazón a Dios y, al volveros hacia Él, decidle por ejemplo: Soy tuya, Dios mío. ¡Jesús es bueno! ¡Viva Jesús! y otras palabras semejantes.

En suma, es un buen medio, para vencer, el no mirar al enemigo, sino volverse hacia el Amado celestial; y, aunque el enemigo aúlle y eche venablos, para rechazarle basta con no responderle, con no entretenerse con él ni hacerle caso…

Confiemos a Dios nuestros buenos deseos y no estemos ansiosos pensando si fructificarán; pues quien nos ha dado la flor del deseo, también nos dará el fruto de su cumplimiento para su gloria, siempre que tengamos una fiel y amorosa confianza en Él.

Sed todas de Dios, pensad en Él y Él pensará en vosotras. Él os ha atraído hacia Sí para que seáis suyas y tendrá cuidado de vosotras. No temáis nada; si los pollitos se ven seguros cuando están bajo las alas de su madre, cuánto más seguros deben sentirse los hijos de Dios bajo su paternal protección.

Manteneos pues, en paz, puesto que sois hijas suyas dejad reposar vuestro corazón con todos sus cansancios y desfallecimientos en el pecho de ese Salvador, que es para sus hijos un Padre por su Providencia y una Madre por su dulzura y su tierno amor. (San Francisco de Sales. Opúsculos. XXVI, 348)


Comentarios

DUODÉCIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO — 2 comentarios

  1. Paz y Bien. Soy Andrea Arango, hermana de la Congregación de Hermanas Franciscanas de María Auxiliadora, vivo en la Ciudad de Medellín.
    Me dirijo a ustedes por este medio, pidiendo humildemente nos acompañen con la oración por la salud de Olga Patricia Arango (Hermana carnal), una joven mamá, de 35 años y un niño de 6 añitos; que hace un año le diagnosticaron: Nefropatia Crónica en estado terminal (daño total de la función renal). En este momento esta en lista de espera para ser trasplantada cuando resulte, por gracia de Dios un donante de riñón que sea compatible con ella.
    Confiamos que por la gracia de Dios y con la ayuda de la oración de todos los que nos acompañan, ese riñón llegara en su mejor momento.

    Dios les pague por su compañía y oración. También me uno a sus intenciones y doy gracias al Creador por tanta bondad derramada sobre nosotros.

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