Domingo 14º del Tiempo Ordinario – Ciclo A

“TE DOY GRACIAS, PADRE… PORQUE HAS ESCONDIDO ESTAS COSAS A LOS SABIOS Y ENTENDIDOS, Y SE LAS HAS REVELADO A LOS PEQUEÑOS” (Mt 11, 25-30)

jesus-y-los-nic3b1os-4-1“San Francisco (de Asís), al enviar a sus hijos de viaje, les daba este consejo en lugar de dinero y como toda provisión: Arrojad vuestros cuidados en el Señor y Él os alimentará. Yo os digo lo mismo, mis queridas hijas, arrojad todo vuestro corazón, vuestras pretensiones y solicitudes y afectos en el seno paternal de Dios y Él os guiará y hasta os llevará allí donde su amor os quiere.

Mis queridas hijas, ¡no vivamos ya para nosotros mismos, sino para Jesucristo que vive en nosotros! Y cesarán todas las inquietudes de nuestro corazón, que provienen del deseo que el amor propio nos suscita y de la ternura hacia nosotros mismos, que nos empuja a la búsqueda de nuestras satisfacciones y nuestras perfecciones.

Embarcados en el ejercicio de nuestra vocación, con la brisa de esta siempre y amorosa confianza, no nos percataremos de nuestros progresos, pero serán grandes. Sin caminar, avanzaremos; y sin movernos de nuestro sitio avanzaremos, como los que navegan en alta mar con viento propicio.

Así, se van recibiendo con dulzura y suavidad todos los acontecimientos que nos llegan. Porque quien está entre las manos de Dios y descansa en su seno, quien se ha abandonado a su amor y dispuesto a todo lo que Él quiera ¿qué es lo que le puede perturbar?

Ciertamente, en todas las circunstancias y sin meterse a filosofar sobre las causas, razones y motivos de los acontecimientos, Él da de todo corazón su aquiescencia, la del Salvador: “Sí, Padre, porque así lo has querido.” Las hijas de la Visitación deben tener una confianza muy sencilla, que las haga permanecer en reposo entre los brazos de su Padre celestial y de su querida Madre, nuestra Señora, estando seguras de que las protegerán siempre con amorosa atención, puesto que ellas se han reunido para gloria de Dios y honor de la Santísima Virgen.”

                     (SAN FRANCISCO DE SALES. Conversaciones Espirituales, sobre la sencillez. VI, 218)


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