Domingo 19º del Tiempo Ordinario – Ciclo A

 Y LE DIJO: «¡QUÉ POCA FE! ¿POR QUÉ HAS DUDADO?» (Mt 14,22-33)

TO19DA¡Oh, qué agradable y provechosa es esta ley de no hacer nada sino por Dios y dejarle a El todo el cuidado sobre nosotros! Y no hablo solamente respecto a lo temporal, ya que estando a solas con vosotras, eso se da por entendido; hablo de lo referente a lo espiritual, al avance de nuestras almas en la perfección.

¿No veis cómo la paloma no piensa sino en su querido palomo y no se mueve de encima de sus huevos? Y nada le falta, porque el palomo se lo paga cuidando de ella.

¡Qué felices seríamos si todo lo hiciéramos por nuestro amable palomo, que es el Espíritu Santo! Porque, entonces, El cuidaría de nosotros y, a medida que nuestra confianza, que nos hace descansar en su providencia, fuera siendo mayor, mayor sería también el cuidado que de nosotros tendría.

Nunca deberíamos dudar que algo nos faltase pues su amor es infinito para el alma que descansa en El. La gran confianza de la paloma en su pareja es la que la hace vivir en paz y en una maravillosa tranquilidad.

Pues mil veces más feliz es el alma que dejando todo cuidado de sí misma y de todo lo que necesita ella y su palomo, no piensa sino en cubrir y alimentar a sus pequeños para agradarle a él y darle descendencia.

Porque ella goza en esta vida de una tranquilidad y una paz tan grandes que no hay con qué compararlas, ni hay reposo igual al suyo en el mundo, únicamente allá en el cielo, donde ella gozará eternamente de los castos abrazos del Celestial Esposo.

…. La paloma se ocupa solamente de su trabajo, para hacerlo bien, dejando los demás cuidados a su querido palomo: el alma que quiere mucho a Dios, se aplica sencillamente y sin apresuramientos, a hacer todo lo prescrito para su perfeccionamiento, sin buscar otras cosas, por perfectas que puedan ser.

Mi Amado, dice ella, piensa por mí, y yo le espero; El me cuida y yo confío; El me ama y yo soy toda suya para así testimoniarle mi amor. (SAN FRANCISCO DE SALES: Conversaciones espirituales. De las 3 leyes espirituales. VI, 105)

 

 


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