18 de noviembre. Fiesta de las Siete Beatas Mártires de la Visitación

Siete personajes y un autor

(Del prólogo de la biografía de las 7 Beatas: “Unidas hasta la muerte”)

 NUESTRASMARTIRES     Se merecían un libro como éste. Ellas, que habían renunciado de por vida a figurar en ningún sitio, que habían profesado, en cambio, la sencillez silenciosa del claustro y pasaron de puntillas por este mundo, puesta la mira en la Vida con mayúscula. Siete monjas del Primer Monasterio de la Visitación, en la madrileña calle de Santa Engracia, a mediados de los años treinta, en cuyos cálculos más íntimos y personales no entraba, ni por asomo, eso de pasar a la historia. son las fechas más sangrientas de la persecución religiosa, en los cuatro primeros meses de la Guerra Civil española.

     Nuestras buenas hermanas salesas se equivocaron de medio a medio. Resulta ahora que, de la mano maestra de José Luis Gutiérrez García, nos llega esta lograda biografía, que les saca a la luz pública por la puerta grande, rompiendo definitivamente el anonimato de estas siete heroínas, para gozo de la Iglesia, para bien de todos.

       ¿A quién presento antes?, ¿al biógrafo o a sus personajes? Lo haré primero con él, aunque José Luis se moleste; pero estoy prologando su libro y ya se encargará éste -verán con cuánto garbo- de presentar a María Gabriela de Hinojosa, Josefa María Barrera, María Angela Olaizola, María Inés Zudaire, María Engracia Lecuona, María Cecilia Cendoya, Teresa María Cavestany. Tres guipuzcoanas, dos andaluzas, una gallega y una navarra. Comprendidas sus edades entre los 26 y los 64 años. Un ramillete polícromo.

       Paso a hablar, pues, de las páginas que siguen a estas pocas de mi cosecha -sáltenselas, si les parece- que nos regalan un retablo con siete hornacinas de otras tantas vírgenes cristianas, de otras tantas mártires de la fe. Al autor se le ha pedido, pienso, que relatara su postrer holocausto en sendos descampados del extrarradio madrileño, en el noviembre trágico de 1936. Pero José Luis, empollón y sapientísimo, abordó a los personajes, estudió sus antecedentes, no precisamente penales, repasó las coordenadas históricas de su entorno, intuyó la majestad del retablo, y, sin salirse de madre en la extensión, se dio a construir, como él sabe hacerlo, un libro de cuerpo entero.

       Aquí lo tenemos. Leyéndolo, se entera uno previamente, para calar luego mejor en la experiencia singular de cada figura, de lo que es y significa en la Iglesia la Orden de la Visitación, obra maestra de dos santazos: Francisco de Sales y Juana de Chantal. De los perfiles, amorosos y suaves, de su espiritualidad; de los primores de lo normal; de la obra bien hecha, día tras día, peldaño a peldaño, con la eternidad de fondo. Pisando tierra, entre salmos y pucheros, mirando a este mundo con amor.

       No pasen ustedes de largo, aunque se salten el prólogo, por los dos primeros capítulos de la obra, que nos brindan una síntesis muy afortunada de lo que es y significa en la Iglesia la Orden y la espiritualidad de San Francisco de Sales. Y de lo que ha supuesto, en los tres últimos siglos, su presencia bienhechora en España.

       Muchas salesas hechas y derechas (me gusta más llamarlas así que visitandinas) apostaron su vida, al cien por cien, por el modelo de Francisco y de Juana, como vereda preciosa, como flecha indicadora, para seguir al único Maestro. Siete muchachas en flor, luego mujeres de una pieza, probarían un día esa miel, en un huerto madrileño de la Visitación, y quedarían cautivadas para siempre. A este carisma, a esta familia de Iglesia, debieron, primero, la fragancia de su virginidad consagrada y, al final, la palma del martirio. ¿Cómo explicar tales frutos, sin el primer tallo tierno, sin las siguientes flores de abril?

       Por eso, hablemos del libro. Perdóneme su autor haber llamado empollón a un brillante profesor universitario, a un especialista de renombre en doctrina social de la Iglesia, a un periodista de pensamiento, al gestor lúcido y tenaz de una empresa editorial tan sobresaliente como la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC). Ni la autoría de gruesos volúmenes, ni su vitola como estudioso de oficio, le merman a José Luis Gutiérrez sus arrestos de hombre de acción, de conversador impetuoso, de polemista contundente. Pero le pueden la sonrisa, la cordialidad, la apertura generosa, la capacidad de suscitar amigos, entre los que me cuento desde hace más de treinta años. Hablo, pues, de lo que sé.

       Y para no sonrojarlo, me limito a añadir que es un seglar cristiano todoterreno, que lo que él más le tira, a pesar de sus gruesos tomacos de ciencias sociales, es la teología y la espiritualidad. Pero, desde luego, lo que más le iría, no te rías José Luis, es ser maestro de novicios y, más aún, lo digo sin sorna, por su recia ternura varonil, de novicias. Por eso se le nota en este libro que el tema le chifla, que se divierte y se emociona escribiéndolo, que las salesas del Primer Monasterio de la Visitación tienen en él al más rendido y embobado de sus devotos.

       Lo cual no le quita a este volumen -compruébenlo también- su carácter de biografía crítica, científica y documentada a pie de página, en cada dato, por notas escrupulosas y precisas. Podría ser este estudio una tesis doctoral, sin perder el aroma de un libro de devoción. Saltamos ahora a los dos últimos capítulos. Se leen sin respiro en un arrastrado suspense, casi de cine policíaco, todas las indagaciones, los sorprendentes hallazgos, hasta localizar y fijar para la historia el holocausto y los restos de la Hermana María Cecilia.

       Un par de cosas, antes de dejarles en paz con la lectura de Unidas hasta la muerte. Son siete las flores del ramillete, los personajes de la historia. Humanamente hablando, si llegan a dispersarse por familias de Madrid, habrían salvado la piel, al menos casi todas. Apostaron, en cambio, por mantener la comunidad, el monasterio, la oración comunitaria, en el semisótano de González Longoria. Pudieron así prepararse para el holocausto, templar las siete cuerdas del arpa.

    Unidas, sí, perdonen el refrán, pero no revueltas. Cada una fue ella misma y, como tal, será, esperamos, beatificada y canonizada con su nombre y apellidos: Gabriela, Josefa, Angela, Inés, Engracia, Cecilia, Teresa. Vean qué bien queda retratada cada cual, a lo largo de esta historia, con sus perfiles propios, con las huellas dactilares de su santidad personal. ¡Qué bien reflejadas quedan en los capítulos del diez al catorce! Mujeres de rostro diferente, de carne y hueso, parecidas a otras muchas, pero empapadas de Dios.

       Son personalidades normales y sencillas, pero nada insignificantes. Graduadas en sabiduría de Dios, en formación teológica y en experiencias espirituales de alta montaña, eran siete tipos femeninos de subidos quilates. Antes de leer este libro, yo no imaginaba que por el Monasterio de Santa Engracia, en el que ejercí mi ministerio durante los más jóvenes y mejores años de mi vida sacerdotal, habían pasado maestros del espíritu con nombres tan preclaros como los jesuitas Padre Rubio (beatificado) y Alfonso Torres; el dominico Arintero; el santo Obispo de Málaga, Don Manuel González, y otras figuras señeras citadas en este libro. Tampoco lo averigüé cuando tuve que tratar, con infinito cariño, el caso de estas mártires salesas en mi Historia de la Persecución religiosa en nuestra Guerra civil. Dios es buen jardinero y cultivó sus rosas con tiempo.

       El martirio, no lo olvidemos, es un don. Un don misterioso, pero no caprichoso. ¿A quiénes lo regala el Padre? Pues, las más de las veces a aquellos que ya eran santos antes de derramar su sangre. Lo más aconsejable, entonces, será no perder el tiempo, por si algún día nos tocara esa lotería.

  + Antonio Montero Moreno

    Arzobispo de Mérida-Badajoz

 


Comentarios

18 de noviembre. Fiesta de las Siete Beatas Mártires de la Visitación — 6 comentarios

  1. Dios bendiga a uds.me gustaría saber un poco mas acerca de las 7 mártires de la visitación,sé que se debe Orar por nuestros enemigos,para mi me es muy díficil,gracias

  2. Hola Hermanas. Soy pweriodista. Tuve la suerte de hacer unos reportajes acerca de la visita de las reliquias de Santa Margarita María a Guatemala. ( De aquí se fueron a El Salvador). Poco después supe de las 7 hermanas mártires de la Visitación en Madrid, es decir, estas santas. Ahora se que la fiesta es el 18 N. De vez en cuando paso al Monasterio de la Visitación en Guatemala ( Mixco), ya que me queda cerca de la Radio María la Voz de la Familia ( 1699 banda am), donde he tenido el noticiero. Para saber más aceerca de mi santo patrono profesional. Voy allí para que recen por mí, aunque no se los pido a ellas, pues seguro que de todos nodos lo hacen. Son unas santas. Vale. Sería buenio que nos canonicen a las 7 estrellas madrileñas.

  3. Hola Hermanas. 2. Soy periodista. Tuve la suerte de hacer unos reportajes acerca de la visita de las reliquias de Santa Margarita María a Guatemala. ( De aquí se fueron a El Salvador). Poco después supe de las 7 hermanas mártires de la Visitación en Madrid, es decir, estas santas. Ahora se que la fiesta es el 18 N. De vez en cuando paso al Monasterio de la Visitación en Guatemala ( Mixco), ya que me queda cerca de la Radio María la Voz de la Familia ( 1600 banda am), donde he tenido el noticiero. Y para saber más aceerca de mi santo patrono profesional. Voy allí para que recen por mí, aunque no se los pido a ellas, pues seguro que de todos modos lo hacen. Son unas santas. Vale. Sería buenio que nos canonicen a las 7 estrellas madrileñas. Allí entre al gran Noticiero Ave Naría, que se ha duplicado, por la gracia de Dios en varias radios. Pido que recen por mí eso sí, para saber si debo volver a ese noticiero. Santa Juana sabrá muy bien la respuesta. Codial saludo.

  4. Hola. 3 Además, fue a ellas a quins se les pidió que rezaran para que se abrieran en Guatemala, con la venia del señor cardenal Quezada Toruño, las capillas sde adoración perpetua y nocturna de Nuestro Amo. La petición la hicieron el padre Patrick Barry, australiano, quien vino aquí con la idea, por indicación del embajador de Guatemala en Roma, señor Alfonso Roberto Matta Fahsen. Y por la señora Denis de Wit. Que Dios los bendiga a los tres y a sus familias, de sangre y espiritual.Fueron aprobadas, y ahoa hay en muchos lugares, pero debería haber más. Quizá esta idea se las pasamos a Zudaire, Zendoya y compañía. Cordialmente.

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