Domingo Cuarto de Cuaresma

ciego nacimiento“El ciego de nacimiento, cuando estuvo delante de Nuestro Señor, no le pidió su curación, pero El le preguntó si quería sanar y recobrar la vista. «¡Claro está, Señor que quiero, si Tú quieres!» Nuestro Señor al oír su respuesta, tomó barro y se lo puso en los ojos, mandándole ir a lavárselos con agua (Jn 9,6-7). ¿No podía extrañarse el pobre del medio empleado por Nuestro Señor para curarlo y decirle: «Pero Señor, ¡qué me haces!? Si yo no estuviera ciego, eso podría hacerme perder la vista. Me dices que vaya a lavarme a tal sitio: pues llévame, porque bien ves que si no me llevan, no puedo ir». Obedeció sencillamente, sin pensar en nada de esto, sino que echó a andar sin fi jarse en que no podía.

El verdadero obediente cree con sencillez que puede hacer todo lo que le mandan, porque piensa que todos los mandatos vienen de Dios, o son dados por su inspiración y no pueden ser imposibles, dado el poder del que manda”

San Francisco de Sales – Conversaciones Espirituales


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