Su mensaje

Un mensaje para hoy: El Corazón de Jesús. 

La Iglesia desde sus comienzos, y través del espacio y del tiempo, siempre ha proclamado a Cristo; un Cristo que ama infinitamente a toda la humanidad y que ha llegado hasta dar su vida para salvarla.

Muchos santos han hablado de Él, de su amor, bajo el signo del Corazón. Santa Margarita María se inscribe en esta estirpe que se remonta muy lejos en la historia. Lo hace más o menos en los mismos términos que quienes la han precedido, pero lo distintivo en ella es que el mismo Señor le encarga una misión con carácter universal para toda la Iglesia. Ella ha encarnado ese mensaje y nos comunica su propia experiencia, su forma de mirar, conocer, amar al Señor, vivir de Él y en Él.

La espiritualidad del Sagrado Corazón no es una “devoción” particular, una repetición de prácticas externas, sino que abarca toda la existencia, ya que es una “síntesis del cristianismo” y como “una segunda redención”, en palabras del Magisterio de la Iglesia.

La Iglesia reconoció la autenticidad del mensaje recibido por santa Margarita María y lo hizo suyo, dando lugar a una revolución en la espiritualidad moderna desde el siglo XVII.

Una renovación de la vida eucarística

Margarita María tuvo una experiencia excepcional de la presencia de Cristo en la Eucaristía. La mayor parte de las revelaciones del Sagrado Corazón tuvieron lugar en presencia de Jesús Sacramentado. El Señor le descubrió los secretos de su Amor.

La Santa recomienda vivamente las visitas al Santísimo Sacramento, unir nuestra oración a la misteriosa oración de Jesús Eucaristía. Y nos propone esta invocación tan sencilla, para cuando estemos cerca del Señor, una invocación que nos recuerda algunas cosas ya dichas: “Transfórmame en Ti”.

Ante el Santísimo Sacramento no podía hacer oración vocal… habría pasado días y noches enteras sin comer ni beber, ni saber lo que hacía, consumiéndome como un cirio encendido para retornarle a Jesús amor por Amor”.

“Un día en que el deseo de comulgar me atormentaba, le dije a Jesús: «Enséñame lo que quieres que te diga», y como respuesta oí: «Di sólo: Dios mío, mi único y mi todo, Tú eres todo para mí, y yo soy toda para Ti»”.

“Tengo sed, pero una sed tan ardiente de ser amado por los hombres en el Santísimo Sacramento, que esta sed me consume y no encuentro a nadie que se esfuerce por saciarla para corresponder en algún modo a mi amor”.

“Es bueno entretenerse con Jesús, e, inclinados sobre su pecho, como el discípulo amado, ser tocados por el amor infinito de su Corazón; y permanecer así largo tiempo ante Cristo presente en el Santísimo Sacramento en conversación espiritual, en adoración silenciosa, en actitud de amor”. (Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia).

 Primeros viernes de mes

“Me mandó comulgar todos los primeros viernes de mes para reparar los ultrajes que recibe en el Santísimo Sacramento”. Margarita María, en una época en que no era costumbre la comunión frecuente, lo cumplió siempre que sus superioras se lo permitieron. Pero esta petición es para todos los cristianos.

“Te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor omnipotente concederá a cuantos comulguen nueve primeros viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final; no morirán en mi desgracia, ni sin recibir los sacramentos, mi Corazón será su asilo seguro en los últimos momentos”.

 La Hora Santa

En otra ocasión el Señor manifiesta a santa Margarita María: “Todas las noches del jueves al viernes, te haré partícipe de la tristeza que quise sentir en el huerto de los Olivos… Te levantarás entre las once y las doce, y te postrarás una hora conmigo, ya pidiendo misericordia para los pecadores, ya para mitigar de algún modo la amargura que sentí al ver que mis apóstoles no habían podido velar ni una hora conmigo”…Sufrí aquí más que en el resto de mi Pasión, por verme en un abandono completo de cielo y tierra, cargado con los pecados de todos los hombres… no hay creatura capaz de comprender la magnitud de los tormentos que entonces sufrí”.

De esta confidencia nace la práctica de la Hora Santa, que la misma Iglesia ha propuesto a los fieles, como escribió Juan Pablo II, siendo aún Cardenal, en Signo de contradicción: “La Iglesia es quien busca sin cesar esta hora perdida en el Jardín de los Olivos, hora perdida para Pedro, Santiago y Juan. Para reparar esta deserción y esta soledad del Maestro que aumentó aún más su sufrimiento… Jesús nos permite, de alguna manera, volver a encontrarlo en esta hora transcurrida e irreversible, desde el punto de vista humano, convidándonos como antaño, a tomar parte en la oración de su Corazón que abrazó todas las generaciones de los hombres”.

La fiesta del Sagrado Corazón

“… Te pido que sea dedicado el primer viernes después de la octava del Santísimo Sacramento a una fiesta particular para honrar mi Corazón, comulgando ese día y reparando su honor…”, había dicho el Señor a santa Margarita María en la cuarta gran revelación. La Iglesia concedió la fiesta primero a la Orden de la Visitación y a algunas diócesis. En 1765 a Polonia, a petición de sus Obispos, y en 1856 a todos los países.


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