Solemnidad de la Anunciación del Señor

COPIA_DE_GABRIEL“El Ángel le dijo: No temas, María, has hallado gracia delante de Dios.” Lc 1, 30

Dios, que es UNO, ama la unidad y la unión, y lo que no está unido, no le es agradable. En cambio, ama extremadamente lo que está unido y conjuntado; es enemigo de la desunión pues lo desunido es imperfecto, ya que la desunión está causada por la imperfección. Por tanto, nuestro Señor, siendo tan amante de la unión, ha hecho tres uniones admirables en la Virgen nuestra Señora.

La primera unión es la de la naturaleza divina con la naturaleza humana en su seno virginal, la cual es tan elevada que sobrepasa infinitamente todo lo que los entendimientos humanos y angélicos pueden concebir y comprender. La naturaleza divina es la soberana perfección, y la naturaleza humana la soberana miseria: son dos grandes contrarios. Sin embargo, Dios operó en el seno de la Virgen, una conjunción tan admirable de esas dos naturalezas, que ambas dieron como resultado una Persona, de forma que el Hombre es Dios y Dios, sin dejar de ser Dios, es Hombre.

O, ama la unidad y la unión, y lo que no está unido, no le es agradable. En cambio, ama extremadamente lo que está unido y conjuntado; es enemigo de la desunión pues lo desunido es imperfecto, ya que la desunión está causada por la imperfección. Por tanto, nuestro Señor, siendo tan amante de la unión, ha hecho tres uniones admirables en la Virgen nuestra Señora.

La segunda unión que Él hizo en nuestra Señora, fue la de la maternidad con la virginidad, unión que se sale absolutamente de la naturaleza, porque es juntar dos cosas que naturalmente es imposible que estén juntas. Es, por tanto, una unión milagrosa y sobrenatural, hecha por la mano todopoderosa de Dios, que ha dado ese privilegio a nuestra gloriosa Señora.

La tercera unión es la de una altísima caridad y una profundísima humildad. La unión de estas dos virtudes es ciertamente admirable, pues están muy alejadas la una de la otra, tanto que pareciera que nunca se iban a poder encontrar en una misma alma. La caridad eleva al alma muy alto. La humildad hace todo lo contrario: la rebaja por debajo de ella misma y de todas las criaturas. Nadie, sino Dios, podría unir estas dos virtudes; pero Él, que es un solo Dios, quiere y ama la unidad y se complace en mostrar la grandeza de su poder haciendo estas uniones admirables.

Nuestra gloriosa Señora, practicó estas dos virtudes en grado soberano cuando la Encarnación, al anunciarle el ángel Gabriel aquel misterio inefable y Ella respondió: “He aquí la esclava del Señor, hágase en Mí según su palabra”.

(Sermón del 2 de julio de 1621. X, 61)


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>