7 Beatas Mártires de la Visitación

NUESTRASMARTIRESBEATAS

María Gabriela Hinojosa Naveros

Josefa María Barrera Izaguirre

Teresa María Cavestany Anduaga

María Ángela Olaizola Garagarza

María Engracia Lecuona Aramburu

María Inés Zudaire Galdeano

María Cecilia Cendoya Araquistain

 

Siete mujeres enamoradas de Cristo… siete testigos de su Amor…

Cada una comenzó su peregrinación por este mundo un día distinto, entre 1872 y 1910, y en un lugar diferente (desde Andalucía hasta Galicia, pasando por Navarra y el País Vasco). Llegó un momento en que Dios las reunió en la capital de España, en el Primer Monasterio de la Visitación de Santa María de Madrid. Juntas recorrieron un camino de fidelidad, tras las huellas de Cristo. Y rubricaron su entrega con su sangre los días 18 y 23 de noviembre de 1936.

Beata María Gabriela
“Estamos en las manos de Dios, seguras de Él”

hmgDicen de ella:

“Afectuosa y dotada de un carácter jovial y alegre, hacía las delicias de los suyos, esmerándose por dar gusto en todo a sus hermanos y sobrinos… Era sumamente fiel a los ejercicios espirituales que se había prescrito. Cuando organizaban excursiones al campo, para no quedarse sin misa y no hacer esperar a los demás, se levantaba muy temprano… Todos los años acudían a Lourdes. Fue en una de estas visitas cuando Amparo, de 15 años, oyó claramente el divino llamamiento”.

Al entrar en el Monasterio, “emprendió con fervor su formación religiosa”.

“Muy amante de la Orden y de su vocación, se penetró profundamente de su espíritu, llegando a ser una regla viva, de forma que todas las Hermanas podían acudir en sus dudas a ella, seguras de encontrar en sus respuestas las costumbres y el espíritu de la Visitación.

Sucesivamente pasó por los diferentes empleos y cargos de la comunidad, señalándose en el de sacristana que desempeñó mucho tiempo, cumpliéndolo ‘apasionadamente bien’, como dicen las constituciones de San Francisco de Sales”.

“Tenía una gran devoción a la Eucaristía y se la comunicaba a los demás. Recuerdo que tuvo gran interés en prepararnos para la primera comunión. Desde esta ocasión nos animaba constantemente a una comunión frecuente. También nos fomentaba la devoción a la Stma. Virgen María, regalándonos estampitas, medallas, rosarios y oraciones marianas”.

En 1929 fue elegida superiora. “Este cargo fue muy pesado para ella porque eran los años dolorosos de la revolución y las Hermanas tuvieron que superar duras pruebas”.

“M. Mª Gabriela era de una enorme delicadeza en su forma de decir las cosas, era como una madre muy buena, muy delicada. Era de una caridad muy grande… Estaba siempre dispuesta a acogerme con afecto maternal por ocupada que estuviese. Fue para mí una verdadera madre. Tenía una enorme bondad, era una santa”.

Siendo la responsable del grupo que quedó en Madrid en 1936 “mantuvo unida la Comunidad hasta el momento del martirio. Sostuvo el espíritu religioso de sus Hermanas animándolas en la observancia de la vida religiosa en el apartamento de la calle Manuel González Longoria nº 4″.

Beata Josefa Maríahjm

“Todo lo que pasa no vale la pena”

Dicen de ella:

“Única niña junto a sus dos hermanos, fue objeto de las ternuras y mimos de su padre, mas no de su madre, que de carácter firme y serio supo unir al cariño maternal el contrapeso a los mimos paternos. Fue siempre de carácter dulce y tranquilo, lo que encantaba a su nodriza que le decía: ‘Carmiña, como tú no hay otra’”.

“Pasó gran parte de la infancia en Málaga donde destacó por su devoción eucarística durante sus largos momentos de recogimiento delante del Santísimo”.

“Era muy buena y hacía muy buenas obras de caridad ayudando al Obispo D. Manuel González, pagaba una beca perpetua en el seminario y pertenecía a la obra de las Marías de los Sagrarios”.

“…alma humilde, ponía de relieve sus pretendidos defectos: se confesaba muy dormilona… se reprochaba ser de joven de una devoción comodona, en vez de haber ayudado a su madre…”

“Aunque se sentía llamada a la vida contemplativa desde muy joven, renunció a sus deseos por atender a sus padres”.

“Emprendió su noviciado con todo fervor… Lo que más le preocupaba era hacer bien la oración… Otra de sus primeras manifestaciones fue decir: ‘Yo lo que quiero es ir pronto al cielo’”.

“Su campo de acción la mayor parte de su vida religiosa fue ‘la oficina del amor’, la enfermería, pues aunque pasó por diversos empleos, fue aquí donde desplegó las alas de su abnegación cariñosa pero firme…”

“Tenía mucho corazón… estaba al tanto de todo, tenía además mucha caridad”.

“Era el encanto de todas, pues su carácter tenía una mezcla extraña de seriedad, melancolía y alegría”.

“Su piedad profunda la llevaba a cuidar con esmero todo lo que tenía relación con nuestro Señor, los santos o la Stma. Virgen, de la que fue su hija amantísima”.

“Supo ingeniarse de forma que nunca dejó para última hora la oración, rezo del Oficio, lectura, etc. A veces le decíamos en broma en la recreación: ‘Hna. mía, el celo de tu casa me devora’”.

“En 1934 cuando se pensó en hacer una fundación en Japón, ella declaró su disponibilidad para trasladarse a aquel país”.

“Le costó un poco quedarse en Madrid en 1936, pero obedeció y aceptó la Voluntad de Dios”.

“Su humildad le había hecho decir en alguna ocasión: ‘Yo no tengo madera de mártir’; los hechos demostraron lo contrario”, pues cuando fue detenida en agosto de 1936 Hna. Teresa Mª para ciertas declaraciones, “Hna. Josefa Mª se ofreció a acompañarla, sabiendo que muchos así requeridos salían para no volver”.

“Ser santa es lo único que nos importa en la vida, pues todo lo demás pasa y todo lo que pasa no vale la pena”

Beata Teresa Maríahtm
“No quiero tener más deseo que el de llegar a asemejarme a Jesús Crucificado”
¡Viva imagen suya!”

 ”Laura era de una obediencia perfecta a nuestros padres. En familia recibió una educación esmerada que fue complementada en el colegio de las religiosas de la Asunción”.

El día de su primera comunión, 1 de junio de 1899, “pidió a nuestro Señor no cometer jamás un pecado venial”. Sin embargo, “hubo un tiempo en que frecuentó el mundo y éste le agradó… pero la muerte inesperada de una amiga la impresionó profundamente y desde entonces se dio a una vida de gran fervor, tanto que ella misma confidencialmente confesó: ‘desde esa época cada día me conozco menos’.

Algún tiempo antes de entrar en el Monasterio, le dio un día la sagrada comunión el entonces Obispo de Málaga, D. Manuel González, gran conocedor de las almas, y dijo de ella: ‘tiene ojos de religiosa, y de religiosa contemplativa’.

Ya en el convento, “tuvo que luchar para entrar en el molde visitandino… Su carácter le procuró durante toda su vida muchos combates y victorias… Durante la ceremonia de profesión -celebrada por el Beato P. Rubio, S.I.- oyó distintamente estas palabras de nuestro Señor: ‘Yo te ayudaré’”.

“Buena tierra… buena simiente… serios esfuerzos… frutos copiosos. Y el grano hundido en la tierra floreció en espiga nueva… este amor la transformó en una visitandina dulcemente enérgica y apostólicamente activa”.

“En las visitas que hacíamos a mi tía, su cara de bondad me impresionaba y la recuerdo en su actitud cariñosa con todos. También recuerdo su deseo continuo de superación en su vida de unión con Dios…”

“Tenía gran facilidad de palabra, y en ella todo hablaba de aceptación de la divina voluntad, de sacrificio e inmolación y todo en silencio y por amor, tanto en sus cartas como en sus conversaciones”.

“Era provisora buenísima. Un alma de Dios. Tenía la mirada y todo su aspecto de bondad, un alma que se veía de mucha unión con Dios por esa paz que tenía, muy virtuosa, siempre buena, hasta la mirada la tenía de santa”.

Se entregó, olvidada de sí, a todos los empleos. “Llegó a obedecer no sólo a las órdenes, sino también a los deseos de los superiores”.

“Puesta a dura prueba por varios sufrimientos… se preparó al supremo sacrificio animada por grandes ideales, como lo prueban sus escritos”.

“Mi prima Laura me dejó asombrado y confusísimo. Nunca había encontrado ni en confesionario ni fuera de él ningún alma tan pura, tan santa, ni de conciencia tan límpida. Tenía las virtudes de los grandes santos para ver en su alma cosas tan menudas que a la vista de los demás escapan y que revelaban la suma perfección con que vivía”.

 

Beata María Ángela hma
“Estamos muy contentas y comprendemos cada día mejor que esto es lo que Dios quiere de nosotras”

Dicen de ella:

Los Olaizola, ricos en fe y buenas costumbres, reciben con alegría a Martina, que viene a completar el número de ocho hermanos. “Todos ellos eran muy religiosos y muy austeros, pero con un corazón muy grande para tratar con una gran caridad al prójimo”.

Martina fue a la escuela rural del valle de Oñate y trabajó con los propietarios de una farmacia, donde reveló todo su temple de paciencia, abnegación y caridad. “Estuvo cuidando a un enfermo tuberculoso. La familia, al enterarse, la llevaron a casa, pero la tía solamente volvió con gran pena en su corazón… porque la habían quitado de cuidar a un enfermo en esas condiciones”.

“Un año antes de entrar religiosa, quiso tomar unas lecciones de corte y confección y como ella vivía en un caserío distanciado del centro del pueblo, se quedaba a comer en la casa de mi madre…”

“Humilde, trabajadora, servicial; …se hizo querer de todos y, cuando oído el divino llamamiento hubo de decirles adiós, la vieron partir con grande sentimiento, …tuvo que sufrir al principio de su vida religiosa porque tenía completa ignorancia del castellano… y esto era motivo de alegre recreación para sus Hermanas, comentando sus dichos, de lo que nuestra querida Hermana reía de buen corazón y seguía la broma haciéndolas felices”.

“La Hª Mª Ángela Olaizola era una Hermana Externa modelo. Era muy callada y concentrada, juiciosa, de mucha caridad, muy prudente, muy trabajadora.

Se le notaba hasta en el andar que era religiosa por lo recogida que iba siempre. Un alma de Dios muy buena, de pocas palabras, en fin, estupenda”.

“Nuestra buena y humilde Hermana se abnegaba sin contar allí donde la colocaba la obediencia”.

Era toda de Dios, predicaba con su sola presencia.

“En los momentos difíciles de aquellos días finales de 1935 y primeros de 1936, en que la persecución religiosa abundaba en Madrid, les oía hablar sin ninguna aversión hacia los perseguidores, sino todo lo contrario, diciéndome que rezaban mucho a Dios por ellos … que no tenían miedo, que tenían toda su confianza en el Corazón de Jesús”.

Tenía un gran deseo de borrarse, de pasar inadvertida. Se conservan muy pocas cosas suyas. Pero el testimonio de su vida y su martirio son su mensaje más elocuente.

Sus restos reposan junto con los de las Beatas Mª Cecilia y Josefa Mª en la Basílica del Valle de los Caídos.

 

Beata María Engraciahme
“¡Quién nos iba a decir que seríamos mártires!”

Dicen de ella:

“Se distinguió desde muy niña por su inteligencia y sentido de responsabilidad”.

“Vivaracha y abnegada, aprendió cerca de sus padres el amor al deber y al trabajo, y sobre todo aprendió a conocer y a servir a Dios, a amarle con todo su corazón y hacer felices a cuantos la rodeaban”.

“Una vez que hizo la primera comunión sentía siempre un deseo de ir a la iglesia; se distinguió de las demás por su piedad…”

Muy pronto fue a trabajar con su hermana Juanita a San Sebastián. “Íbamos a misa de 6 a la iglesia de Santa María. Ella tenía una especie de rosario y, cada vez que cometía una falta, corría una malla y los sábados confesaba todas las faltas cometidas. Tenía una corona de espinas hecha por ella y se la ponía en la espalda sobre la que se apoyaba; de esta forma hacía penitencia mientras rezaba … esto lo hacía por imitar a Jesús y si se le decía algo contestaba: ‘Jesús hacía más’.

Puso una escuela en nuestro caserío para que los niños aprendieran la doctrina católica… Tenía mucha paciencia”.

“Hna. María Engracia fue un precioso socorro para nosotras. Su rostro afable, su bondad, le ganaron todos los corazones. Se multiplicaba para atender a todas las necesidades”.

“Era un alma fervorosísima, siempre echando chispas, un alma muy espiritual, muy de Dios”.

Su fervor y alegría lo reflejaba en las cartas, donde mezclaba a menudo alguna nota de humor.

“Estoy siempre tan llena de alegría, que por cualquier cosa no hago más que reírme. ¿Y cómo vamos a estar tristes si vivimos en la casa de Dios?”

“Destaca un profundo amor hacia su vocación y un gran deseo de crecimiento espiritual”.  Quería correr hacia la meta al estilo de San Pablo, y decía:

“En medio de mis corridas y caídas soy cada vez más feliz, pues mientras que las caídas no son voluntarias no debemos apurarnos y cuanto mayor sea nuestra pequeñez y fragilidad, tanto mayor debe ser nuestra confianza en Jesús que cogiéndonos de la mano nos llevará a su gloria cuando menos pensamos”.

En 1936 seguía en esa tensión espiritual y escribía a una de sus hermanas:

«Hoy… he formado un propósito firme de empezar a trabajar muy de veras en este negocio, que es el más importante de todos los negocios, que es la santificación de nuestra alma»

Deseó y esperó el martirio con verdadera ilusión y gratitud, viendo en él una gracia del Señor.

“¡Qué alegría! ¡Vamos a alcanzar la palma del martirio!”

 

Beata María Inés hm ines
“Madre de Dios, bajo tu amparo, dichosa y feliz siempre seré”

Faltan noticias sobre su infancia, pero se sabe que “en la familia se respiraba una vida de fe. Jamás se dejó de rezar un día el rosario. Había gran devoción a la Eucaristía y una gran confianza en Dios”.

Varios miembros de la familia se consagraron a Dios en la vida religiosa, y uno de ellos, hermano de su padre, murió también mártir.

Ella decidió ingresar en el Monasterio en plena juventud. Se recuerda la anécdota de que estando ya de camino hacia Madrid, “aprovechó el encuentro con un padre capuchino para disponerse a su nuevo estado con una confesión general de toda su vida, decía muy seriecita”. “Toda su vida” eran 19 años, porque “en medio de la alegría propia de la inocencia y juventud, había un fondo de seriedad para todo lo de Dios y de su alma”.

“Como cera virgen se dejó formar dócilmente sobre todo en la vía de la oración y de la perfecta obediencia”.

“Siempre activa, respetuosa y servicial, mostrándose buena para todas y dominando su carácter, trabajo interior que en ocasiones se traslucía por subir los colores a la cara …”

En cierta ocasión, al cambiarle de oficio por enfermedad, lo sintió mucho, “pero, acostumbrada a ir a Dios con todo y a sobreponerse, pronto su carita risueña dejó ver que Nuestro Señor, agradado de su generoso sacrificio le hacía gustar su alegría y paz habitual”.

“Era muy relimpia, muy cumplidora de su deber, muy exacta en todo, muy religiosa, muy recta, de mucho espíritu, muy bondadosa… Era una santita. Yo me admiro de ver la gracia de Dios en ella, con lo miedosita que era, que no quisiera aceptar cuando las ofrecieron esconderlas en un consulado.”

En 1936 no ocultó el miedo que tenía de quedarse en Madrid. Al despedirse de una hermana le confesó: «Pidan mucho por nosotras, puede ser que nos maten»

“¡Le daba el corazón cómo había de morir!… y se la vio en la última temporada ganar a ojos vistas en el trabajo de su perfección”.

“La Hermana Zudaire tuvo otra posibilidad de ponerse a salvo: como sufría de una infección al oído hubiera podido ingresar en un hospital, pero rechazó esta oportunidad”.

“También en este caso la fraternidad hizo posible el sacrificio total”.

En el momento de la detención estaba en cama con fiebre alta. La levantaron de malas maneras sin que ella opusiera resistencia. Al salir a la calle hizo la señal de la cruz como las otras Hermanas, dando testimonio valiente de su amor al Señor.

 

Beata María Ceciliahmc
“Dios siempre nos ve”

Dicen de ella:

“Mi madre solía decir siempre que su hermana tenía algo distinto de las demás desde pequeñita, que era más espiritual que ellas. Que solía evitar habladurías”.

“Mari Feli decía que antes de cumplir 20 años tenía que entrar monja, y así lo hizo. Pero tenía el genio muy vivo y, cuando le dijo por primera vez a la madre que quería ser monja, le dijo ella: ¿tú monja con ese genio…? Tienes que corregir ese genio si quieres ser monja. Y decía la madre que desde entonces se cambió por completo… Según se desprendía por las cartas y por lo que pudimos observar el día de la profesión solemne, se la veía muy contenta de su vocación religiosa”.

Testifican dos de sus compañeras de noviciado:

“De la Hna. Mª Cecilia Cendoya, mi connovicia, observé una especialísima devoción a la Stma. Virgen que me llamó la atención”.

“Era de una enorme fidelidad… siempre muy fervorosa… siempre estaba cantando a la Virgen”.

“Sobre la vida de oración recuerdo que tenía una actitud especial de recogimiento en todo momento”.

En cierta ocasión había dicho a su familia: “¿No sabéis que vivimos en la presencia de Dios y que Él nos ve?”.

“Era muy fiel y muy mortificada, siendo siempre ella la primera que se ofrecía a limpiar y a lo que hiciera falta”.

“Sencilla, humilde, abnegada, servicial; era el ángel de las pequeñas prácticas… Su corto paso por la comunidad dejó un recuerdo de edificación coronado por la veneración debida a su muerte gloriosa”

“Tuvo muchas oportunidades de venir a casa pero ella no quiso”.

“Sé que ella se confesó religiosa y no sólo en aquella ocasión, sino siempre se confesó como tal”.

Ante una persona que se había portado mal con ella, no se quejó, sólo con los ojos llenos de lágrimas, por toda respuesta dijo: “yo a esta mujer la tengo que salvar”.

“Tengo muy grabado en la memoria lo que nos decía en la última carta que nos escribió: ‘Estaos tranquilos, que nos quedamos en manos de Dios’”.

“La hermana Cecilia Cendoya fue ejecutada por dos veces. Tras vivir la patética experiencia con sus Hermanas y escapar a ella milagrosamente, no ocultó en los días siguientes su condición religiosa, lo cual le acarreó una segunda y definitiva ejecución”.

“De su juventud y de su temperamento se sirvió el Señor para hacerla testigo excepcional del sacrificio de sus Hermanas”.

Cruz de la Beata María Cecilia, atravesada por la bala que le abrió la puerta del cielo

Cruz de la Beata María Cecilia, atravesada por la bala que le abrió la puerta del cielo

“Estábamos siete religiosas en un piso aquí en Madrid, vinieron a por nosotras, nos metieron en un coche. Mataron a todas… Yo me bajé del coche de la mano de otra Hermana… y al notar que se caía muerta, no sé lo que me pasó, eché a correr y no sabía lo que hacía” (Testimonio de la propia Hna. María Cecilia a unas compañeras de prisión)

Fue martirizada en la noche del 22 al 23 de noviembre de 1936, junto a las tapias del cementerio de Vallecas.


Comentarios

7 Beatas Mártires de la Visitación — 3 comentarios

  1. Por médio del presente me dirijo a usted, para enviarle un saludo en Cristo Rey de Misericordia, aprovecho al mismo tiempo para preguntarle los requisitos para obtener una Reliquia de 1° grado de las Mártires de España, para la veneración de los fieles del Santuario de la Divina Misericordia, Tocuila, Otumba, Estado de México, con motivo del Año Jubilar de la Misericordia.

    Agradezco la atención brindada a este conducto, esperando su pronta respuesta. Me despido de usted deseándole que Cristo Rey de Misericordia, guie y bendiga el ministerio que Él le ha confiado.

    Pbro. Bernardo Herrera Chinchay C.S.F.X.
    Vice-Rector del Santuario de la Divina Misericordia, Tocuila, Otumba

    • Dios sea bendito! Puede dirigirse al Primer monasterio de la Visitación de Madrid. En la sección “donde estamos” puede encontrar la dirección. Esperamos que lo consiga

  2. Hermanas,
    No era consciente de lo mucho que a veces se sufre por amar tanto a Dios.
    Os tenemos en el corazón, sois ejemplos de vida y de amor a Dios.
    Os admiro.
    Inma

    Que nos acompañéis y enseñéis a seguir ese ejemplo.
    Gracias.

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