M. Luisa Margarita y la santidad de los sacerdotes

Artículo publicado en L’Osservatore Romano – 29 de Enero 2010 -  por Piergiorgio Debernardi   –  Obispo de Pinerolo, postulador de la Causa de Canonización

 En los últimos dos siglos numerosas han sido las personas que han recibido del Señor la misión de ofrecer su vida por la santificación del clero. Entre las particularmente ejemplares se encuentra la Venerable Madre Luisa Margarita Claret de la Touche, monja de la Visitación. Nació en Saint-Germain-en-Lay (Francia) el 15 de marzo de 1868 en una familia burgués y acomodada. Atraída por la vida contemplativa entró en el Monasterio de la Visitación de Romans, diócesis de Valence, el 20 de Noviembre de 1890.

   El año 1902 es el que el Señor reveló a Madre Luisa Margarita lo que debía decir a los Sacerdotes y lo que debía realizar por su santificación. El Señor estaba tomando posesión plena de su vida, de su cuerpo y de su espíritu. La fuerza del amor se manifestaba también sensiblemente con fuertes palpitaciones del corazón, tanto que le parecía que se le separaba para unirse al de Cristo. Tenía dolores en los pies, en las manos y en el costado derecho como ya ha sucedido a otras personas. El Señor la unía a Sí todavía más estrechamente.

   El 5 de Junio de 1902, víspera de la fiesta del Sagrado Corazón, es la fecha escogida por el Señor para entregar a Madre Luisa Margarita  una misión particular en la Iglesia respecto a los Sacerdotes. Ella les debe recordar las insondables riquezas del Amor del Corazón de Cristo, continuando la misión ya iniciada con las revelaciones a Margarita María de Alacoque.

   Madre Luisa Margarita oyó durante varios días la voz que le confiaba esta misión. El 6 de Junio, fiesta del Sagrado Corazón, escribe: “Ayer me encontraba delante del Santísimo Sacramento; yo sufría y estaba en aquel estado de ánimo cansado y doloroso en el que me encontraba ya desde hacía algunas semanas, cuando Jesús  se hizo sentir a mi alma. Lo adoré, dulcemente consolada por su presencia y mientras rezaba por nuestro pequeño noviciado le pedía almas para formarlas para Él. Entonces me respondió: “Te daré almas de hombres”. Profundamente sorprendida de estas palabras  cuyo sentido  no comprendía, permanecí silenciosa buscando un significado. Jesús continúo: “Te daré almas de Sacerdotes. Tú serás aquella que se inmolará por mi Clero. Quiero darte instrucciones durante esta octava, escribe todo lo que yo te diga.”

   El relato prosigue con las siguientes revelaciones: “El Sacerdote es un ser de tal manera revestido de Cristo que  se convierte casi un Dios; pero es también un hombre y es necesario que lo sea realmente. Necesita sentir las debilidades, las luchas, los dolores, las tentaciones, los temores, las rebeldías del hombre; debe tener experiencia de la propia miseria para poder ser misericordioso; y también es necesario que sea fuerte, puro, santo para poder santificar. Mi Sacerdote tiene que tener el corazón grande, tierno, ardiente, fuerte para amar. ¡Cuánto debe amar el Sacerdote! Debe amarme a Mí, su Maestro, hermano, amigo, consolador, como Yo le he amado a él; y Yo le he amado hasta confundir mi vida con la suya, hasta hacerme obediente a su palabra. Debe amar a mi Esposa, que es su Esposa, la Santa Iglesia y ¡con qué amor! Un amor apasionado y celoso, celoso de su gloria, de su pureza, de su unidad, de su fecundidad. En fin debe amar a las almas como a sus hijos. ¿Qué padre tiene tantos hijos para amar como tiene el Sacerdote?”

   El 7  de Junio una nueva revelación: “El corazón de mi Sacerdote debe ser una llama ardiente que calienta y purifica. ¡Si mi Sacerdote conociese los tesoros de amor que mi Corazón encierra para él¡ Que venga a mi Corazón, que coja allí y se llene de amor  hasta rebosar extendiéndolo así sobre el mundo! Margarita María  ha mostrado mi Corazón al mundo; tú muéstralo a mis Sacerdotes, atráelos a todos a mi Corazón.”

    El 10 de Junio: “Después de la comunión he dicho a Jesús: Salvador mío, cuando nuestra beata Hermana ha mostrado tu Corazón al mundo, los Sacerdotes lo han visto; ¿es que no basta esto? Jesús me ha contestado: “Ahora quiero hacerles a ellos una manifestación especial.” Después me ha hecho ver que hay una obra por cumplir: recalentar el mundo con el amor y para esta obra quiere servirse de sus Sacerdotes. Y, con una expresión tan conmovedora y tierna que me ha hecho saltar las lágrimas, me ha dicho: ¡“Tengo necesidad de ellos para cumplir mi obra!” Para que puedan extender el amor ellos deben estar rebosando de amor y es en el Corazón de Jesús donde se deben llenar.”

   El 13 de Junio: “Esta mañana reflexionando dentro de mí, pensaba que, quizá, se podría hacer una rama especial de la Guardia de Honor para los Sacerdotes. Jesús me ha dicho: “No.” Me ha hecho comprender que no quiere que sus Sacerdotes sean solo adoradores de su Corazón; Él quiere formar una milicia que combata por el triunfo de su amor. Que aquellos que formarán parte de esta milicia del Corazón de Cristo, pondrán todo su empeño en predicar el Amor Infinito y la Misericordia, tratarán de estar unidos entre sí para el bien, con un solo corazón y una única alma, sin que jamás se obstaculicen los unos a los otros en sus obras.”

   En la vida de Madre Luisa Margarita todo comenzó con estos mensajes que se dan en el momento en que la Iglesia está sacudida por teorías modernas, que llegan en algunos casos casi a demoler la misma verdad de la fe. En efecto, con la sencillez de su lenguaje, Hermana Luisa Margarita, hacía  a la Iglesia un reclamo fuerte a leer la historia como obra del Amor e invitaba específicamente a los Sacerdotes, a hacer visible el Amor  y la Misericordia que Dios tiene por el mundo.

   En Octubre de 1902, durante el tiempo de la meditación sacó algunas reflexiones “sobre  las virtudes sacerdotales de Cristo”. Tuvo la inspiración de anotar estos pensamientos. Pidió  permiso a la Superiora que se lo concedió. “La Madre me dice que escriba y yo lo hago. Si cuanto escribo no sirve para nada, habrá que echarlo pronto al fuego. Pero no he terminado todavía. He tenido dos tentaciones de quemarlo. No lo he hecho, porque temo desobedecerle.” Es ésta la primera alusión a  los escritos que formarán el libro El Sagrado Corazón y el sacerdocio. El libro estimula a realizar el ministerio Sacerdotal como una “tarea de amor”. En efecto, a través de la caridad pastoral, el Sacerdote imita a Cristo en su donación y sumergiéndole en la historia de su gente, le educa en los valores evangélicos, sobre todo en el mandamiento del amor y en el trabajo por la solidaridad.

   Cuando el libro fue imprimido poquísimas personas conocían el nombre de la autora. Se creía que había sido escrito por el Director Espiritual del Monasterio, Padre Alfredo Charrier, -a él venían a parar los mensajes de agradecimiento- y Madre Luisa Margarita, con mucha humildad, mantenía siempre a este respecto un escrupuloso silencio. Era el contenido del mensaje lo que a ella le interesaba, no su persona.

   En Diciembre de 1903 la Superiora le encargó escribir una carta al Padre Charrier para felicitarle el nuevo año. Ella obedeció, pero pidió también la autorización de incluirle un folio en el que estaba escrita una oración: “Oh, Jesús, Pontífice Eterno, Divino Sacrificador, Tú que en un arranque incomparable de amor por los hombres, tus hermanos, has hecho brotar de tu Sagrado Corazón el Sacerdocio cristiano, dígnate continuar derramando en tus Sacerdotes las ondas vivificantes de tu Amor Infinito. Vive en ellos, transfórmales en Ti, hazlos por medio de tu Gracia instrumentos de tu Misericordia; obra en ellos  y por ellos haz que después de ser revestidos de Ti, por medio de la fiel imitación de tus adorables virtudes, hagan en tu nombre y por la fuerza de tu Espíritu, las obras que has realizado Tú mismo  por la salvación del mundo. Oh, Divino Redentor de las almas, mira cuán grande es la multitud de los que duermen todavía en las tinieblas del error; cuenta el número de aquellas ovejas infieles que caminan por el borde del precipicio; considera la multitud de pobres, de hambrientos, de ignorantes y de débiles que gimen en el abandono. Vuelve a nosotros por medio de tus Sacerdotes; vive oh, buen Jesús, en ellos, obra por ellos y pasa de nuevo por el mundo enseñando, perdonando, consolando, sacrificando, reanudando los sagrados vínculos de amor entre el Corazón de Dios y el corazón del hombre. Amén.”

   Esta oración tuvo, en poco tiempo una difusión extraordinaria. El mismo Padre Charrier y varios Monasterios de la Visitación se dedicaron a difundirla en muchas naciones. Desde 1905 hasta hoy la plegaria ha sido  continuamente impresa y difundida en el mundo. Ha sido traducida a veintidós lenguas. Un verdadero récord de universalidad. Un origen humildísimo y una amplísima difusión.

   Pero ¿qué es esta Obra – que después tomará la forma de “Alianza Sacerdotal”- de la cual Madre Luisa Margarita recibe las primeras indicaciones y a continuación hablará tantas veces en sus escritos? Es ante todo una obra que el Señor mismo realiza a través del ministerio de los Sacerdotes: “¡Tengo necesidad de ellos para cumplir mi Obra!”.

   Así pues, antes incluso de ser una obra hecha con medios humanos es una mirada al proyecto de salvación que Dios tiene sobre el mundo. Solamente en un segundo plano la Obra es entendida como respuesta de amor del Sacerdote en el esfuerzo por reproducir en sí la Imagen de Cristo y cumplir lo que Él le ha dicho y ha hecho. Cuando habla de la parte organizativa, Madre Luisa Margarita la presenta como expresión de su modo de sentir y ver el problema, sin absolutizar jamás cuanto propone: es el aspecto más débil y más sujeto al cambio de los tiempos. Sin embargo insiste en lo que a ella le parece fundamental: La Obra se realiza difundiendo por medio de la predicación y de la actividad el conocimiento del Amor Infinito y la Misericordia. Es, pues, una invitación presente de cara a los Sacerdotes para que busquen y encuentren modos y formas de relacionarse entre ellos.  La Obra, en efecto, tiene esta finalidad: animarles y sostenerles en el camino de la santidad, ayudándoles a “unirse entre ellos”, a “obrar con un mismo espíritu” y a “potenciar la acción por medio de la unión”. Los Sacerdotes en sus encuentros se ayudan en el estudio de la persona de Cristo, tratan de  conformar su propia vida con las virtudes sacerdotales del Señor y procuran realizar una auténtica fraternidad. Este encuentro es, pues, no solamente para orar juntos, sino para “unirse y cooperar en la misma Obra”, es decir, para trabajar unidos en torno a un proyecto pastoral, pensándolo juntos y realizándolo comunitariamente. Es por eso de total actualidad la recomendación que la Hermana hace a los Sacerdotes “ayudarse recíprocamente, sin jamás obstaculizarse mutuamente”; “estar unidos entre ellos para hacerse el bien, formando un solo corazón y una sola alma, sin ponerse mutuamente obstáculos en sus obras.”

   Nunca, como en estos últimos decenios, hemos encontrado en el Magisterio tanta insistencia para que se valoricen, en el interior del Presbiterio, los encuentros de oración, plegaria, estudio y programación pastoral, como momentos y medios privilegiados de formación permanente. Asombra el ver que una Religiosa, mucho tiempo atrás, había ya indicado senderos  y caminos todavía sin descubrir.

   El Concilio Vaticano II, en la Presbyterorum Ordinis, ha reiterado con fuerza esta exigencia: “La unión entre los Presbíteros y los Obispos es particularmente necesaria en nuestros días. Ningún Presbítero está, pues, en condiciones de realizar a fondo la propia misión si obra solo y por su cuenta, sin unir sus propias fuerzas a las de los otros Presbíteros bajo la guía del Obispo.” La ley de la reciprocidad del amor exige esta unidad: los sacerdotes reconozcan en el Obispo a su Padre; y el Obispo considere a sus Sacerdotes como hijos y amigos. Realizar la unidad es el fin de la Obra. Aquí se comprende  cómo no se puede equiparar la Obra con una asociación cualquiera, por amplia y difundida que esté.

   El fin fundamental de la Obra es, pues, ayudar a los Sacerdotes a crecer en la comunión y en la unidad. Tantas páginas del Diario de Madre Luisa Margarita pueden ser leídas hoy como profecía de cuanto ha sido madurado en la Iglesia después del Concilio. En la exhortación Apostólica Pastores dabo vobis recalca esto: “la fisonomía del Presbiterio es, pues, la de una verdadera familia, de una fraternidad, cuya unión no está ni en la carne ni en la sangre, sino en la Gracia del Orden Sacerdotal”. Esta afirmación confirma el mensaje recibido por la Madre Luisa Margarita sobre la vida  y el ministerio de los  Sacerdotes.


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