Presentación

Cuando en la primavera de 1910 apareció la primera edición francesa del libro “Le Sacré-Cœur et le Sacerdoce”, poquísimas personas conocían el nombre del autor. Se creía que había sido escrito por el jesuita Padre Alfredo Charrier (a él le llegaban de varios lugares mensajes de felicitación) y la verdadera autora, una visitandina, -entonces superiora del monasterio de la Visitacion de Romans (Francia), exiliada en la diócesis italiana de Ivrea- con mucha humildad, mantuvo siempre a este respecto un escrupuloso silencio. Le interesaba el mensaje que el libro contenía, no su persona.

Es significativo un sencillo episodio: apenas salió la primera edición, Madre Luisa Margarita Claret de la Touche quiso ofrecérselo al capellán de la comunidad, que creía que era obra del Padre Charrier. Un día, la Madre le pidió su parecer sobre el libro y él respondió: “Es muy hermoso, pero no para usted”. Más  tarde sonreía cuando, después de la muerte de Madre Luisa Margarita en 1915, supo quién era el verdadero autor…

Pero, ¿quién es la Madre Luisa Margarita Claret de la Touche?

 Escribe Mons. Piergiorgio Debernardi, Obispo de Pinerolo y postulador de su Causa de Beatificación:

«Nació en Saint-Germain-en-Lay (Francia) el 15 de marzo de 1868 en una familia burguesa y acomodada. Atraída por la vida contemplativa entró en el Monasterio de la Visitación de Romans, Francia, el 20 de Noviembre de 1890. La comunidad debió exiliarse a causa de las leyes políticas y se estableció en Italia, donde M. Luisa Margarita murió el 14 de mayo de 1915. Fue declarada Venerable por el Papa Benedicto XVI el 26 de junio de 2006.

El 5 de junio de 1902, víspera de la fiesta del Sagrado Corazón, es la fecha escogida por el Señor para entregar a Madre Luisa Margarita una misión particular en la Iglesia respecto a los Sacerdotes. Ella les debe recordar las insondables riquezas del Amor del Corazón de Cristo, continuando la misión ya iniciada con las revelaciones a Margarita María de Alacoque.

El 6 de junio escribe: «Ayer estaba delante del Santísimo Sacramento; …cuando Jesús se hizo sentir a mi alma. Lo adoré, dulcemente consolada por su presencia, y mientras rezaba por nuestro pequeño noviciado, le pedía almas para formarlas para Él. Entonces me respondió: “Te daré almas de hombres”. Profundamente sorprendida por estas palabras cuyo sentido no comprendía, permanecí silenciosa buscando un significado. Jesús continuó: “Te daré almas de Sacerdotes. Tú te inmolarás por mi Clero. …escribe todo lo que yo te diga».

El relato prosigue: “El Sacerdote es un ser de tal manera revestido de Cristo que se convierte casi en un Dios; pero es también un hombre y es necesario que lo sea realmente. Necesita sentir las debilidades, las luchas, los dolores, las tentaciones, los temores, las rebeldías del hombre; debe tener experiencia de la propia miseria para poder ser misericordioso; y también es necesario que sea fuerte, puro, santo para poder santificar. Mi Sacerdote tiene que tener el corazón grande, tierno, ardiente, fuerte para amar. ¡Cuánto debe amar el Sacerdote! Debe amarme a Mí, su Maestro, hermano, amigo, consolador, como Yo le he amado a él; y Yo le he amado hasta unificar mi vida con la suya, hasta hacerme obediente a su palabra. Debe amar a mi Esposa, que es su Esposa, la Santa Iglesia y ¡con qué amor! Un amor apasionado y celoso, celoso de su gloria, de su pureza, de su unidad, de su fecundidad. En fin debe amar a las almas como a sus hijos. ¿Qué padre tiene tantos hijos para amar como tiene el Sacerdote?

El corazón de mi Sacerdote debe ser una llama ardiente que calienta y purifica. ¡Si mi Sacerdote conociese los tesoros de amor que mi Corazón encierra para él! ¡Que venga a mi Corazón, que tome de allí amor hasta llenarse, hasta rebosar y así luego pueda extenderlo por el mundo! Margarita María ha mostrado mi Corazón al mundo; tú muéstralo a mis Sacerdotes, atráelos a todos a mi Corazón”.

…Después me ha hecho ver que hay una obra por cumplir: recalentar el mundo con el amor, y para esta obra quiere servirse de sus Sacerdotes. Y, con una expresión tan conmovedora y tierna que me ha hecho saltar las lágrimas, me ha dicho: “¡Tengo necesidad de ellos para cumplir mi obra!”

…Los que formen parte de esta milicia del Corazón de Cristo, pondrán todo su empeño en predicar el Amor Infinito y la Misericordia, tratarán de estar unidos entre sí para el bien, con un solo corazón y una única alma, sin que jamás se obstaculicen los unos a los otros en sus obras”.

…Estos mensajes se dan en el momento en que la Iglesia estaba sacudida por teorías modernas, que llegaban en algunos casos casi a demoler la misma verdad de la fe. En efecto, con la sencillez de su lenguaje, Hermana Luisa Margarita, hacía a la Iglesia un reclamo fuerte a leer la historia como obra del Amor e invitaba específicamente a los Sacerdotes, a hacer visible el Amor y la Misericordia que Dios tiene por el mundo.

En octubre de 1902, durante el tiempo de la meditación sacó algunas reflexiones “sobre las virtudes sacerdotales de Cristo”. Estos escritos formarán después el libro El Sagrado Corazón y el sacerdocio.

[…] El mismo Obispo de Ivrea, Mons. Filipello, escribía la presentación del libro el 31 de enero de 1910. El 13 de abril estaban las pruebas del texto y el P. Poletti las presentaba al Cardenal Richelmy. Se imprimieron 18 ejemplares que se enviaron a cardenales y obispos (entre ellos los cardenales Merry del Val, Rampolla, Vannutelli, Agliardi y los obispos Filipello, Chesnelong, Henry, Touchet). El P. Charrier se encargó del envío, acompañando el libro con una carta. A su vez, éstos enviaron al remitente expresiones elogiosas de augurio, que se imprimieron en la primera edición francesa.

A Madre Luisa Margarita le conmovieron particularmente las palabras de Mons. Touchet, Obispo de Orleans, quien afirmó que el “pequeño libro” era un maravilloso comentario al “tratado sobre el sacerdocio” de San Juan Crisóstomo. Mientras el Cardenal Vannutelli, legado pontificio en el Congreso Eucarístico de Montreal, confió que el libro le había servido para preparar las meditaciones que tenía que dar a los sacerdotes durante el Congreso.

El contenido del libro es muy sencillo; su estilo es como agua límpida, corre sin hacer ruido, pero encierra una gran fecundidad espiritual; no envejece aunque pasen los años . Sorprende la abundancia de citas bíblicas, sobre todo del Nuevo Testamento: Madre Luisa Margarita leía y meditaba frecuentemente la Biblia, en una época en la que el texto sagrado era poco familiar a los católicos e incluso en la vida religiosa no tenía puesto de honor .

El libro está compuesto de cuatro partes, como de cuatro pilares, que tienen por título: el sacerdocio, creación del Amor Infinito; las virtudes sacerdotales de Cristo; el Amor de Cristo por sus sacerdotes; elevaciones sobre el Amor Infinito y el Sacerdocio. En particular la última parte, ciertamente la más original y teológicamente excelente, es como una gran invitación a todos los sacerdotes a contemplar el Amor Infinito y a sumergirse en este océano de amor de donde nace el sacerdocio, para sacar nuevo entusiasmo e impulso en su ministerio.

Todas las páginas pretenden ilustrar y profundizar en una tesis: los sacerdotes son imagen viva y transparente de Cristo, Sumo y Único Sacerdote de la Nueva Alianza; a ellos, más que ningún otro, Cristo manifiesta su Corazón:

“…sobre todo les revela su amor, encendiéndoles con una caridad más ardiente, animándoles con una entrega más activa, generosa y tierna a la salvación de sus hermanos” .

Fijar la mirada en Cristo ayuda a tener sus sentimientos, sobre todo su caridad. El libro anima a realizar el ministerio sacerdotal como una “tarea de amor” (la expresión es de San Agustín). De hecho, a través de la caridad pastoral, el sacerdote imita a Cristo en su donación y, metiéndose en la historia de su gente, la educa en los valores evangélicos, especialmente en el mandamiento del amor y en el compromiso de la solidaridad.

[...]También el Papa desea leerlo

Madre Luisa Margarita deseaba que el P. Charrier presentara el “petit livre” al Papa. Cuando éste declinó la invitación, por sugerencia de la condesa de San Marzano, se dirigió al abad primado de los benedictinos, Dom Ildebrando de Hemptinne. Éste aceptó el encargo y aconsejó que los libros ofrecidos al Papa y al cardenal Secretario de Estado fueran acompañados de una carta del autor. Madre Luisa Margarita rogó al P. Charrier que las escribiera él, lo que aceptó e hizo enseguida, escribiendo una en latín para el Papa y otra en francés para el Cardenal, sometiendo ambas a la aprobación de su Provincial.

Sin embargo, el P. Poletti juzgó que debía ser el propio Obispo quien presentara los libros, y así, Mons. Filipello escribió una carta que adjuntó a la del jesuita. Este es el texto:

“Beatísimo Padre,

La divina Providencia, que saca bien del mal, ha dispuesto que la feroz persecución desencadenada en la noble nación francesa en los últimos tiempos contra las Congregaciones religiosas, haya trasplantado en mi querida Diócesis una Familia elegida de la Orden de la Visitación, a la que Vuestra Santidad ha dado un Breve el 13 de diciembre del pasado año.

Cada hermana del Instituto es una flor perfumada de virtud. No es maravilla, pues está gobernado por una madre superiora que es una digna hija del glorioso Obispo de Ginebra, una buena émula de la piedad de la Beata Margarita María de Alacoque.

Vos, Santísimo Padre, tendréis la confirmación a mis palabras en el libro “Le Sacré-Coeur et le Sacerdoce”, que Os presentamos. Ella lo escribió hace algunos años, joven aún: aconsejada por su antiguo director, consiente en su publicación, confiando que responda a las santas intenciones con las que ha sido escrito.

Recibid, Padre Santo, en vuestra dulce y suave bondad, el filial homenaje que Os rinde la devota religiosa; bendecidla junto con su escrito, fruto de su amor a Jesús y de su celo por las almas; y que Vuestra bendición obtenga que el libro aporte preciosos frutos de santidad al Clero al que va dirigido y singularmente al Obispo y a los amados Sacerdotes de la Diócesis en al que se encuentra ahora el jardín que, cultivado por la autora, esparce entre nosotros el buen olor de Jesucristo.”

El Santo Padre ya conocía este libro, pues la misma Madre Luisa Margarita, en marzo de 1909, le había dirigido una carta (que no se ha encontrado). Con humildad y valentía le comunicaba que cuanto había recibido en la oración había sido transcrito en el libro Il Sacro Cuore e il Sacerdozio. Il trámite para hacer llegar al Vaticano la carta fue la condesa de San Marzano, que conocía bien los ambientes vaticanos; ella misma transmitió a Madre Luisa Margarita este gracioso suceso:

“Debo decirle unas palabras graciosas del Sumo Pontífice Pío X sobre nuestro “Piccolo libro”. Hace unos días le decían que no estaba aún listo y que faltaba encuadernarlo: ‘Pero eso no importa –dijo sonriendo- lo haré encuadernar yo mismo’”.

En la segunda mitad del mes de junio, Dom Hemptinne presentó el libro al Santo Padre.

El 1 de julio, el Cardenal Merry del Val expresaba a Mons. Filipello la gratitud del Papa y la suya personal, por el don recibido, adjuntando un escrito para el P. Charrier.

En el mes de julio de 1910 la primera edición francesa estaba agotada. La acogida superó toda expectativa, tanto que a fines de año ya se pensaba en la segunda edición, mientras que a mediados de diciembre estaba lista para la imprenta la edición italiana, preparada por el P. Poletti. El libro tuvo una difusión más allá de todo lo que podía preverse».

 Poco más de 100 años después de la primera edición, se ha revisado la traducción española y con mucha alegría la ofrecemos especialmente a los sacerdotes, con el deseo de que puedan enriquecer su vida con esta doctrina brotada del mismo Corazón de Jesús.


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