Mes del Corazón de Jesús – día 20

JESUSYLOSNIÑOSLA DULZURA, CUARTA VIRTUD SACERDOTAL DEL CORAZÓN DE JESÚS

La dulzura constituye la forma de la bondad; forma exquisita y delicada que la hace atrayente. Una bondad tosca y descortés es una bondad sin forma, una bondad que no podría imponerse a los corazones. Pero cuando está revestida de dulzura adquiere una autoridad soberana y atrae todo a ella con poderoso atractivo. Tal fue la bondad de Jesús.

La dulzura, atemperando el celo ardiente del Maestro, lo hacía suave, afable, atrayente. Había impreso en todo su ser un encanto tan irresistible que todos, niños y ancianos, enfermos y multitudes compactas iban hacia Él y seguían sus pasos. “Aprended de Mí, que soy manso y humilde de Corazón”[1], había dicho Jesús.

Esta dulzura íntima, al proyectarse en su exterior le ganaba todos los corazones. Su conversación era amable, sus enseñanzas eran bien recibidas, pues mediante la unción divina que afloraba a sus labios eran fáciles de entender y sencillas para cumplir. Le seguían hasta los confines de los desiertos, olvidando las necesidades de la vida; una vez que se habían gustado los atractivos tan dulces de su palabra, ya no era posible separarse de Él.

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[1] Mt 11, 29

Mes del Corazón de Jesús – día 19

Imagen del Corazón de Jesús pintada por la M. Luisa Margarita

Imagen del Corazón de Jesús pintada por la M. Luisa Margarita

EL CELO, TERCERA VIRTUD SACERDOTAL DEL CORAZÓN DE JESÚS

Personificando a Jesucristo, el Rey profeta exclamaba así, dirigiéndose a Dios: “El celo de tu casa me devora”[1]. El celo, esa ardiente ambición por la gloria de Dios y la salvación de los hombres, consumió, devoró el Corazón de Jesús, y como todas las pasiones violentas, lo llevó a excesos inauditos, a locuras de amor y de donación de Sí mismo. Apasionado por la gloria del Padre celestial, resolvió luchar contra todo lo que podía tender a disminuirla y derribar todo lo que podía servirle de obstáculo. No menos ardiente por el bien y la salvación de la humanidad, resolvió combatir hasta la muerte lo que pudiera perjudicar al hombre y comprometer su eterna felicidad. Este celo iluminado y ardiente de Jesús, le mantuvo siempre listo para la lucha contra el mal, armado contra el error, en guerra contra el espíritu del mundo, ese mundo por el que no quiso rogar y le llevó a condenar todo lo falso, todo lo injusto y todo lo que va contra Dios.

Jesús luchó contra el mal. Venido al mundo para arrojar al espíritu de las tinieblas, le vemos incesantemente luchando contra él. Lo echa del cuerpo de los posesos, lo amenaza, le habla con autoridad. No se conforma con libertar los cuerpos, lo expulsa también de las almas y lo persigue, cualquiera que sea la forma bajo la que se disimule. Jesús, bien sumo e infinito, se encuentra en constante oposición a Satanás, espíritu del mal.



[1] Sal 68,10. Jn 2,17

Mes del Corazón de Jesús – día 18

rostromoises3LA DONACIÓN DE SÍ, SEGUNDA VIRTUD SACERDOTAL DEL CORAZÓN DE JESÚS

 El Verbo encarnado, al entrar en el mundo dijo a su divino Padre: “Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me formaste un cuerpo”[1]. Sí, debió añadir Jesús: Tú me has dado un cuerpo, un corazón y un alma humana; aquí los tienes, te los ofrezco, los consagro a tu gloria, los consagro a la salvación de mis hermanos.

En efecto, toda la vida de Jesús en la tierra no fue sino un acto ininterrumpido de donación de Sí mismo. Se olvidó completamente de Sí y se dio por entero, sin reservarse nada. Dio su trabajo y su descanso, su tiempo y sus fuerzas. Hizo sacrificio completo de su vida y, antes de darla íntegra, en un solo momento, con el sacrificio cruento del Calvario, la consumó poco a poco con una inmolación de cada instante. Dio su Corazón a sus hermanos: he aquí el secreto de esa incansable donación de Sí. “Amó y se entregó”[2]. Jesús ha reunido en Sí la soberana cualidad de sacerdote y sacrificador con la cualidad de víctima. Como Sacerdote, no ha sacrificado otra víctima, y ha sido sacrificado al ofrecerse y entregarse íntegramente. Pero no ha sido otro sacerdote quien lo ha ofrecido e inmolado. Se ha inmolado a Sí mismo. Verdaderamente, Jesús es al mismo tiempo Sacerdote y Víctima. ¡Sacerdote eterno, Víctima eterna de un eterno sacrificio!

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[1] Hb 10,5 ss.

[2] Gal 2,20. Ef 5,2

Mes del Corazón de Jesús – día 17

MANOS ORANTESEL ESPÍRITU DE ORACIÓN, PRIMERA VIRTUD SACERDOTAL
DEL CORAZÓN DE JESÚS

El momento en el que Jesús debía manifestarse al mundo había llegado. Estaba a punto de comenzar sus correrías apostólicas y de ponerse en busca de las ovejas descarriadas de Israel[1].

Treinta años de vida oculta, enteramente entregada al trabajo, a la oración y al silencio, parecían una preparación más que suficiente para los tres años de vida pública. En cambio, Él no lo juzga así y en el momento de emprender esta nueva etapa, le vemos en el desierto, impulsado por el Espíritu. Busca una última e inmediata preparación en una soledad más profunda, una penitencia más austera y una oración más ardiente y continua. Sin duda, Jesús no tenía necesidad de ir a buscar en el seno del Padre gracias y luces que ya poseía en Sí por la unión de su Humanidad con su Divinidad; pero quería darnos ejemplo y mostrar a sus sacerdotes, que debían continuar su obra, la sublimidad de su ministerio y la necesidad que tienen de buscar en Dios las luces, los dones y las gracias que les exige su formidable tarea.

¡El trabajo de las almas es el más grande! ¡Es el trabajo de Dios! ¡Pero qué difícil y pavoroso para el hombre que siente la propia debilidad! Cuando Dios llama a una de sus pobres criaturas a una misión tan elevada, al mismo tiempo se compromete a darle todo lo que necesita. Pero si el corazón del sacerdote no se pone en comunicación con el Corazón de Dios y si, con la oración, no trata de adquirir los tesoros divinos, queda vacío y se ve solo frente a sus graves deberes, con su debilidad e insuficiencia. “Sin Mí, no podéis hacer nada”[2]. Y la impotencia de la criatura se pone de manifiesto sobre todo en el trabajo divino de las almas.

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[1] Mt 15,24

[2] Jn 15,5

Mes del Corazón de Jesús – día 16

jesus-eucaristJESUCRISTO, MODELO DIVINO DEL SACERDOTE

Jesús es el modelo en el que debe formarse cada hombre. Es la forma que deben adquirir los elegidos antes de ser admitidos a participar en el Reino de Dios. Pero, si es el modelo sublime que deben reproducir todas las almas, si todos los hombres deben regular los latidos de su corazón según los del Corazón del Hombre–Dios, hay algunos de entre ellos que deben conformarse más especialmente aún al divino Modelo.

Estos privilegiados, llamados a seguir más de cerca al divino Maestro, estos afortunados que vivirán una vida en todo similar a la suya y que, alimentándose de su Palabra y reproduciendo sus ejemplos serán imágenes vivientes del Redentor en medio del mundo, son los sacerdotes de Jesucristo.

Jesús, divino Sacerdote, continúa en la gloria las obras de su Sacerdocio eterno. Pero quiere que, a través de los siglos, otros Cristos continúen en el mundo su obra redentora.

Antes, Dios se había reservado la tribu santa para su culto. La había tomado como su porción, la había destinado y consagrado a su servicio. Del mismo modo, en la ley de gracia y amor, Dios se ha destinado una tribu elegida. De entre la multitud de cristianos extrae almas más especialmente amadas por Él. Las hace, más que a las otras, conformes a la imagen de su único Hijo; las favorece con mayores gracias, las enriquece con mayores dones, vierte en ellas más amor, las colma de privilegios divinos y revistiéndolas con parte de su poder, las hace, con la santa unción, sacerdotes y reyes, ministros de su justicia y dispensadores de su misericordia.

El sacerdote es otro Cristo: es el ungido del Señor. Signado por un carácter sublime e imborrable, pasa en medio de los hombres dominándolos con toda la altura de su divina dignidad y descendiendo misericordiosamente hasta las miserias más abyectas. Pasa, como Jesús entre la multitud de las almas, haciendo el bien, curando toda enfermedad y flaqueza, derramando verdad en las inteligencias, consuelo en el dolor y perdón ante el arrepentimiento.

Como Jesús, pasa por el mundo sin ser del mundo. Se roza con la fealdad y el fango, pero se conserva puro; encuentra mucho odio, pero sigue siendo bueno. Pasa sin mirar atrás, sin edificar nada temporal para el porvenir. Dedicado por entero al presente, entrega su alma con caridad a las almas de los más débiles y menos felices. Pasa, sí, pero su acción queda. Si su alma, alma de sacerdote, reproduce el alma de Jesús, si su corazón, corazón de sacerdote, es conforme al Corazón de Jesús, ¡su acción no es ya la acción de la criatura enferma y limitada, sino la acción de Jesucristo, del divino Sacerdote!

¡El corazón de Pablo es el Corazón de Cristo! ¡Ah! Si se pudiera decir siempre: el corazón del sacerdote es el Corazón de Jesús, ¡qué frutos admirables produciría en las almas este sacerdote de Cristo, qué milagros de gracia lograría a ejemplo del gran Apóstol de las gentes! Mas, con demasiada frecuencia, ¡qué pena! la gracia de la consagración no transforma al sacerdote. Su corazón permanece frío, su alma sigue siendo muy humana, su espíritu no se eleva por encima del común de las gentes y en lugar de ser, por el esplendor de sus virtudes y la irradiación de su santidad, el faro luminoso que iluminando las tinieblas de la noche y dominando la tempestad, conduce las naves al puerto, no es sino una barca más a merced de las pasiones humanas.

Este sacerdote no se ha elevado a las alturas desde donde podría alumbrar a las almas sumidas en la perdición; no ha querido mantenerse sobre la roca, desde donde hubiera podido tender la mano a los náufragos de la vida. Quizá, la espuma de las mareas le habría mojado a veces los pies, tal vez los vientos se habrían desencadenado en su contra, pero se habría mantenido inconmovible y fuerte con la fortaleza de Dios.

Sin duda, el sacerdote no debe retirarse a la soledad ni esconderse en la penumbra del templo. Es necesario que viva entre sus hermanos, en medio de ellos, siempre pronto a estrechar junto a su corazón, con éxtasis de caridad, todas sus miserias y todos sus dolores. Es necesario que permanezca allí, siempre entregado y oferente, como Jesús, semilla de amor ofrecida por la vida de todos.

Pero si el sacerdote debe vivir entre los hombres, no debe vivir como un simple hombre. Para que sus hermanos tengan confianza en él y puedan apoyarse en él, es necesario que le vean superior a ellos, más fuerte que ellos, más iluminado, más puro, más libre, mejor y realmente santo.

El sacerdote de Jesús llegará a transformar su corazón estudiando el de su divino Modelo y apropiándose sus virtudes. Por eso, que vaya a ese Corazón divino, que entre en Él con la meditación amorosa, y, sobre todo, que se deje penetrar de las influencias vitales que de Él emanan. Trate de pensar como su divino Maestro, amar como Él, vivir como Él; que con la unión, llegue a ser un mismo sacerdote con Jesús, un mismo corazón con su Corazón.

Jesucristo, Dios y Hombre, encierra en Sí la plenitud de dones y virtudes. Pero de todas las perfecciones que posee, algunas pueden ser llamadas más especialmente perfecciones de su inteligencia, otras, perfecciones de su Corazón, otras, perfecciones externas. Por ejemplo, su ciencia divina, su sabiduría, son más bien perfecciones de su espíritu y de su inteligencia, mientras que su caridad y misericordia parecen perfecciones de su Corazón, y la incomparable modestia y atractivo de su divina Persona pueden considerarse perfecciones externas.

Sin embargo, si consideramos a su Sagrado Corazón como el símbolo, órgano y tabernáculo de su Amor Infinito, si pensamos que este amor es principio y motor de sus actos, de sus palabras y de su vida de Salvador, ya no temeremos llamar virtudes y perfecciones de su Corazón a todo lo que admiramos en Él.

Cuando Jesús llama a los sacerdotes hacia su Corazón, los llama a la fuente del amor, los invita a que vayan a beber en las fuentes de la caridad divina; pero quiere también con ello atraerlos al estudio de sus divinas perfecciones. Quiere a sus sacerdotes, a sus predilectos, semejantes a Él, santos como Él, buenos como Él, realmente formados en su Corazón.

Entre las adorables virtudes de ese divino Corazón, algunas parecen ser particularmente las virtudes sacerdotales de Jesús. Las practicó en sus relaciones de Sacerdote con el Padre celestial y con las almas; e incluso algunas las practicó sólo para servir de ejemplo a quienes, después de Él, debían continuar su obra de sacerdotes y apóstoles en el mundo.

Oh, Jesús, Maestro adorado, descubre Tú mismo a los sacerdotes tus admirables virtudes. Son adorables porque son divinas, pero pueden imitarse porque son también humanas. Con la fortificante unción de tu gracia, las has hecho accesibles a la debilidad del hombre, y cuando marcas a tus elegidos con el carácter sagrado que contigo los hace sacerdotes por toda la eternidad, al mismo tiempo los revistes de luz y fuerza.

Deja reposar en tu Corazón a quienes quieres asociar a tu obra, y concédeles que sientan tus sagrados latidos. Es más, hazlos entrar en la intimidad de tu Corazón mediante una santa contemplación. Que beban en esta divina fuente de amor y de verdad el espíritu del Sacerdocio: espíritu de oración y sacrificio, espíritu de celo y dulzura, espíritu de humildad y pureza, de misericordia y amor.

¡Así sea!

Mes del Corazón de Jesús – día 15

CORAZON-EUCAREL SACRIFICIO INCRUENTO

Jesucristo, la Víctima divina ha expirado; el mundo está rescatado y se ha firmado la paz entre el cielo y la tierra. La Justicia y la Misericordia se han abrazado sobre el ara de la Cruz, y el Amor Infinito, volcándose sobre la humanidad entera mediante la Redención, le devuelve la vida sobrenatural que el pecado le había arrebatado.

Mas Jesús no se ha contentado con ofrecerse una sola vez a Dios, su Padre, en holocausto de amor por la salvación eterna de su amada criatura. Ha querido hacer aún más. No obstante la gracia abundante de la redención, el pecado debe continuar cometiéndose de generación en generación, pues la naturaleza humana se encuentra debilitada y los enemigos que la rodean son audaces y provocadores. El hombre debe también sentir siempre la íntima necesidad de elevarse hacia su Dios con el ofrecimiento de un sacrificio. Por eso, el Sacerdocio de Jesús no debía desaparecer con su muerte, pues Él continúa siendo Sacerdote por toda la eternidad, y su sacrificio será permanente. Así el hombre débil y pecador podrá rendir siempre el culto de honor y alabanza que debe a su Dios e inmolar la única Víctima que la Divinidad acepta.

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Mes del Corazón de Jesús – día 14

EL SACRIFICIO CRUENTO

Había llegado el tiempo en que la ley de gracia dvirgen niñoebía derogar la ley del temor. La prolongada espera de los patriarcas, los ardientes suspiros de los profetas y los gemidos del alma humana habían llamado a la Misericordia: el Verbo se encarnó.

En medio de las sombras de la noche, mientras en lo alto de los cielos los ángeles cantan el gloria, el Sacerdote de la Nueva Alianza hace su ingreso en la tierra en la humildad de un establo.

¡Ha nacido la Víctima santa que Él inmolará![1] Ahí está, rodeada de viles animales, en un mísero pesebre, en espera de la hora, aún lejana, de la gran inmolación. La Virgen María, Madre Inmaculada, tomando entre las manos el tierno cuerpecito de su Hijo, lo eleva al cielo y lo ofrece al Padre Celestial.

¿Quién puede medir el valor infinito de este primer sacrificio en que Jesús, recién nacido, se ofrece a Sí mismo en la plenitud de su voluntad, preludiando el supremo sacrificio del Calvario, en el que la Virgen–sacerdote, con el generoso arrebato de un amor incomparable, a pesar de la pena de su corazón maternal, ofrece por anticipado el fruto de su seno a la inmolación de la Cruz?

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[1] Cf. Lc 2, 6ss.

13 de junio – Corazón Inmaculado de María

IMG_1345 (FILEminimizer)LA VIRGEN Y  EL SACERDOTE

El amor del sacerdote por Jesús debe ser diferente y muchísimo más ardiente que el amor de los otros hombres; puesto que “quien ha recibido más, ama más”. Ahora bien, las gracias y los dones particulares que enriquecen el alma y el corazón del sacerdote son tales, que ni siquiera quien los ha recibido y los posee, lo sospecha, y aunque crea que ha recibido mucho, no puede conocer toda la profusión de gracias que el Amor Infinito ha derramado en él. Una de las bienaventuranzas del sacerdote en el Cielo será ver y conocer todo lo que el Amor ha hecho por él y cuán privilegiado ha sido con relación a los otros hombres. Sigue leyendo

Jornada Mundial de oración por la santificación de los sacerdotes

cor_parayEn la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús se celebra la Jornada Mundial de Oración por la Santificación de los Sacerdotes. Este año, tiene lugar en Roma el Tercer Retiro Mundial de Sacerdotes.

Con este motivo, ofrecemos una preciosa meditación de la V. Madre Luisa Margarita Claret de la Touche:

EL CORAZÓN MÍSTICO DE JESÚS [1]

Hoy el Corazón de Jesús se nos presenta no como Corazón de carne, humilde, manso, palpitante en su pecho humano; ni siquiera como el símbolo sensible de su ardiente amor, ese sagrado vaso donde se elaboró la sangre redentora y que el hierro de la lanza abrió en el Calvario, sino como Corazón místico.

¿Acaso no tiene Cristo —Verbo eterno del Padre— además del cuerpo de carne, del que se revistió para unirse mejor a nuestra naturaleza, un cuerpo místico que formó con amor y del cual es cabeza? Y este cuerpo, como todo cuerpo vivo, ¿no tiene miembros y corazón? La Iglesia es el cuerpo místico de Cristo, los fieles son sus miembros y el Sacerdocio es su corazón. Sí, ¡el Sacerdocio es el corazón de este cuerpo vivo del que Cristo es Cabeza!

Un cuerpo muere si su cabeza o su corazón son heridos mortalmente, pues de la cabeza y del corazón es de donde se difunde la vida a todo el cuerpo; pero puede perder varios miembros sin que se seque en él la fuente de la vida. Así, la Iglesia puede ver a veces, no sin dolor, que perecen algunos de sus miembros sin que su propia vida desfallezca, porque su cabeza, Cristo-Amor, es inmortal, y su corazón, su santo Sacerdocio, injertado en Jesús, Sacerdote eterno, no puede perecer. Sigue leyendo

12 de junio – solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

SANTAHERMANAEscribe Santa Margarita María de Alacoque:

“Estando una vez en presencia del Santísimo Sacramento, un día de su octava, recibí de Dios gracias excesivas de su amor… Entonces, descubriendo su Divino Corazón me dijo: «He ahí este Corazón, que ha amado tanto a los hombres, que no se ha reservado nada hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor, y en respuesta no recibo de la mayor parte sino ingratitud, ya por sus irreverencias y sus sacrilegios, ya por la frialdad y desprecio con que me tratan en este Sacramento de Amor. Pero lo que me es aún mucho más sensible es que son corazones que me están consagrados los que así me tratan.

Por esto te pido que sea dedicado el primer viernes después de la octava del Santísimo Sacramento a una fiesta particular para honrar mi Corazón, comulgando ese día y reparando su honor… Te prometo también que mi Corazón se dilatará para derramar con abundancia las influencias de su divino amor sobre los que le rindan este honor y los que procuren que le sea tributado.»

La Iglesia concedió la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús primero a la Orden de la Visitación y a algunas diócesis. En 1765 a Polonia, a petición de sus Obispos, y en 1856 a todos los países.

En la actualidad, es la Jornada Mundial de Oración por los Sacerdotes.