Maternidad espiritual

“En el pensamiento de Dios, nuestro Instituto (la Visitación de Santa María) debía ser una ayuda orante para el sacerdocio. En nuestros escritos aparece esta finalidad a cada paso. Al inicio del Directorio: “…Que toda su vida y ejercicios sean para ayudar con oraciones y buenos ejemplos a la Santa Iglesia y a la salvación del prójimo”. En otro lugar, nuestro Santo Fundador nos llama hijas de los obispos, hijas del clero. Por superior general nos da a “Nuestro Señor Jesucristo y a su Vicario en la tierra, el Papa”…

Son palabras de la Venerable Luisa Margarita Claret de la Touche, referidas a la misión de la Orden de la Visitación desde sus comienzos hasta hoy. De ella habla el documento de la Congregación para el Clero sobre la Maternidad Espiritual, del año 2007.

Para saber más sobre esta visitandina escogida por el Corazón de Jesús para hacer llegar a sus Sacerdotes su mensaje de Amor Infinito, pincha aquí.

El Papa en Santa Marta recuerda a San Francisco de Sales

Pidamos a San Francisco de Sales, Doctor de la dulzura, que dé a todos nosotros la gracia de hacer puentes con los demás, jamás muros

papa santa martaLas palabras de la homilía pronunciada por el Papa Francisco en la Santa Misa del 24 de enero son  ecos de la figura y doctrina del Santo Obispo de Ginebra, fundador de la Orden de la Visitación, patrono de los periodistas, Doctor del Amor… el Santo de la dulzura y humildad, del diálogo y de la amabilidad, de la sencillez y del equilibrio… “Bienaventurados los corazones flexibles porque no se romperán jamás“, es una expresión de San Francisco de Sales que aparece, con palabras distintas, en la reflexión del Santo Padre:

“No es fácil construir el diálogo con los demás, especialmente si nos divide el rencor. Pero el cristiano busca siempre el camino de escucha y reconciliación, con humildad y docilidad, porque eso es lo que nos ha enseñado Jesús. Fue en síntesis el pensamiento del Papa Francisco en su homilía durante la Misa de la mañana en la Casa de Santa Marta.

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24 de enero: San Francisco de Sales

NSANTO PADRE

Un Santo para todos

El 24 de enero se celebra la fiesta de San Francisco de Sales. Para conocer un poco más a este gran santo, doctor de la Iglesia y fundador de la Orden de la Visitación, ofrecemos la Catequesis que dio el Papa Benedicto XVI el 2 de marzo de 2011:

San Francisco de Sales

Queridos hermanos y hermanas:

«Dios es el Dios del corazón humano» (Tratado del amor de Dios, I, XV): en estas palabras aparentemente sencillas captamos la huella de la espiritualidad de un gran maestro, del que quiero hablaros hoy, san Francisco de Sales, obispo y doctor de la Iglesia. Nació en 1567 en una región francesa fronteriza.

Padres de San Francisco de Sales

Padres de San Francisco de Sales

Era hijo del señor de Boisy, una antigua y noble familia de Saboya. Vivió a caballo entre dos siglos, el XVI y el XVII, recogió en sí lo mejor de las enseñanzas y de las conquistas culturales del siglo que terminaba, reconciliando la herencia del humanismo con la tendencia hacia lo absoluto propia de las corrientes místicas. Su formación fue muy esmerada; en París hizo los estudios superiores, dedicándose también a la teología; y en la Universidad de Padua, los estudios de derecho, como deseaba su padre, que concluyó de forma brillante con el doctorado en utroque iure, derecho canónico y derecho civil.

En su armoniosa juventud, reflexionando sobre el pensamiento de san Agustín y de santo Tomás de Aquino, tuvo una profunda crisis que lo indujo a interrogarse sobre su salvación eterna y sobre la predestinación de Dios con respecto a sí mismo, sufriendo como verdadero drama espiritual las principales cuestiones teológicas de su tiempo. Oraba intensamente, pero la duda lo atormentó de tal manera que durante varias semanas casi no logró comer ni dormir bien. En el culmen de la prueba, fue a la iglesia de los dominicos en París y, abriendo su corazón, rezó de esta manera: «Cualquier cosa que suceda, Señor, tú que tienes todo en tu mano, y cuyos caminos son justicia y verdad; cualquier cosa que tu hayas decidido para mí…; tú que eres siempre juez justo y Padre misericordioso, yo te amaré, Señor (…), te amaré aquí, oh Dios mío, y esperaré siempre en tu misericordia, y repetiré siempre tu alabanza… ¡Oh Señor Jesús, tu serás siempre mi esperanza y mi salvación en la tierra de los vivos!» (I Proc. Canon., vol. I, art. 4). A sus veinte años Francisco encontró la paz en la realidad radical y liberadora del amor de Dios: amarlo sin pedir nada a cambio y confiar en el amor divino; no preguntar más qué hará Dios conmigo: yo sencillamente lo amo, independientemente de lo que me dé o no me dé. Así encontró la paz y la cuestión de la predestinación —sobre la que se discutía en ese tiempo— se resolvió, porque él no buscaba más de lo que podía recibir de Dios; sencillamente lo amaba, se abandonaba a su bondad. Este fue el secreto de su vida, que se reflejará en su obra más importante: el Tratado del amor de Dios.

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Es Navidad…

nav-araceli“El Verbo creó a María y nació de ella, como la abeja hace a la miel y la miel a la abeja, sin que nunca se haya visto abeja sin miel ni miel sin abeja”.

Son frases de un sermón, quizá el último, que pronunció San Francisco de Sales en la noche de Navidad de 1622, cuatro días antes de nacer él mismo a la eternidad. A ese sermón pertenecen los párrafos siguientes:

“Celebramos hoy, pues, el nacimiento del Salvador en la tierra; pero antes de hablar de ello digamos algo del nacimiento divino y eterno del Verbo. Desde toda la eternidad, el Padre engendró a su Hijo, semejante a él y coeterno con él; pues nunca tuvo principio, siendo igual en todo al Padre. El Hijo nació del Padre, de su seno, de su propia sustancia, como los rayos solares nacen del sol, porque sol y rayos son la misma cosa. Nos vemos obligados a emplear unas palabras y a servirnos de ellas porque no tenemos otras. Si fuéramos ángeles; hablaríamos de Dios con un estilo muy diferente y de manera mucho más excelente; pero, ¡ay!, no somos sino un poco de polvo y unos niños que no sabemos hablar. El Hijo, pues, fue engendrado del Padre, procede del Padre, sin ocupar otro sitio que este. Nació en el cielo, sin madre, del Padre Eterno, que aun siendo el origen de la Santísi­ma, Trinidad, permanece virgen sobre todas las vírgenes. En la tierra nació de una Madre, Nuestra Señora, sin padre. Diremos unas palabras sobre estos dos nacimientos, de los cuales tene­mos pruebas ciertas, como veremos enseguida.

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Entrada en la Vida de Santa Juana F. de Chantal

SANTAMADRE ASanta Juana Francisca de Chantal terminó su peregrinación por la tierra el 13 de diciembre de 1641. Su gran biógrafa, la Madre de Chaugy, nos ha dejado un relato sobrio y luminoso de lo que fue, en realidad, su muerte: un suave paso de la vida a la Vida, del tiempo a la Eternidad.

Toda la existencia en la tierra de la Madre de Chantal se recapitula en estos cuatro últimos días y se completa sin terminarse. La presencia de esta mujer que muere se prolonga en lo invisible. Leamos este incomparable testimonio.

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18 de noviembre. Fiesta de las Siete Beatas Mártires de la Visitación

Siete personajes y un autor

(Del prólogo de la biografía de las 7 Beatas: “Unidas hasta la muerte”)

 NUESTRASMARTIRES     Se merecían un libro como éste. Ellas, que habían renunciado de por vida a figurar en ningún sitio, que habían profesado, en cambio, la sencillez silenciosa del claustro y pasaron de puntillas por este mundo, puesta la mira en la Vida con mayúscula. Siete monjas del Primer Monasterio de la Visitación, en la madrileña calle de Santa Engracia, a mediados de los años treinta, en cuyos cálculos más íntimos y personales no entraba, ni por asomo, eso de pasar a la historia. son las fechas más sangrientas de la persecución religiosa, en los cuatro primeros meses de la Guerra Civil española.

     Nuestras buenas hermanas salesas se equivocaron de medio a medio. Resulta ahora que, de la mano maestra de José Luis Gutiérrez García, nos llega esta lograda biografía, que les saca a la luz pública por la puerta grande, rompiendo definitivamente el anonimato de estas siete heroínas, para gozo de la Iglesia, para bien de todos.

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